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La estafa de Sánchez con el empleo: se le desmonta su coche de Lego

Carlos Cuesta y Beatriz García analizan la pésima situación económica de España.

El nuevo espectáculo mediático protagonizado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a poner de manifiesto la desconexión total entre la realidad económica de España y la propaganda de Moncloa. En una reciente puesta en escena, el que ya califican como "el tiktoker mayor del reino", se ha dejado ver al volante de un coche de piezas de construcción, una metáfora involuntaria pero perfecta de una economía montada sobre bloques de plástico que no aguantan el más mínimo análisis serio. La ironía de ver al fontanero de la política rodeado de estética infantil no ha pasado desapercibida, especialmente cuando se intenta vender como un éxito histórico lo que no es más que un burdo ejercicio de ingeniería estadística.

El punto álgido de esta campaña de desinformación ha sido la exhibición de una camiseta con el número 22, pretendiendo celebrar que España ha alcanzado los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social. Sin embargo, detrás del marketing se esconde una mentira flagrante: el Gobierno confunde interesadamente el número de personas trabajadoras con el número de afiliaciones. En la España de Sánchez, el pluriempleo se ha convertido en una necesidad para sobrevivir, lo que infla artificialmente las cifras. Una sola persona puede tener varios contratos a tiempo parcial y figurar como múltiples afiliaciones, permitiendo al Ejecutivo presumir de unos datos que no se traducen en un bienestar real para los ciudadanos.

Incluso los documentos oficiales del Ministerio de Trabajo contradicen el relato triunfalista de Sánchez. En sus propios informes se admite que el número de afiliados no se corresponde necesariamente con el de trabajadores, sino con las situaciones que generan obligación de cotizar. Esta confusión terminológica es totalmente intencionada para ocultar que estamos ante un mercado laboral troceado y precario. La realidad que se respira en la calle, lejos de los despachos de los asesores de imagen, es la de un país donde el empleo de calidad brilla por su ausencia mientras se baten récords de precariedad disfrazada de estabilidad.

El engaño de los fijos discontinuos

Uno de los mayores engaños de esta legislatura es, sin duda, la figura de los fijos discontinuos. El Gobierno utiliza este modelo contractual para esconder a los parados debajo de la alfombra estadística. Existen actualmente unos 860.000 fijos discontinuos inactivos que, a pesar de no estar trabajando ni cobrando un salario, no computan como desempleados en las listas oficiales. Este maquillaje estadístico permite a Sánchez dar lecciones de creación de empleo mientras mantiene a casi un millón de personas en un limbo laboral. Es la máxima expresión de la estafa política: cambiar el nombre a las cosas para que el problema parezca haber desaparecido.

A esta situación se suma el alarmante incremento de las bajas laborales por enfermedad, que también computan como afiliaciones activas. El coste para la Seguridad Social y para las empresas es astronómico, rondando los 30.000 millones de euros, pero para el relato de Moncloa estas personas siguen sumando en su contador de éxitos. Es un modelo dopado que se apoya en el sector público para sostener unas cifras que el sector privado, asfixiado a impuestos y regulaciones, no puede generar. Hemos alcanzado un récord histórico de 3,6 millones de empleados públicos, una cifra que demuestra que el crecimiento del que presume el Gobierno es, en gran medida, ficticio y dependiente del presupuesto estatal.

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