
China es uno de los mercados más grandes y complejos del mundo. A diferencia de otros socios comerciales, las relaciones comerciales con el gigante asiático se mantienen mediante pequeños acuerdos técnicos que, sumados, sostienen entre 7.000 y 8.000 millones de euros anuales en exportaciones.
Así funciona la relación agroalimentaria entre España y China. No tenemos un gran tratado agrícola con el régimen comunista. Lo que existe es algo mucho más fragmentado (y a la vez más frágil): un sistema de protocolos bilaterales producto a producto. Dicho de forma sencilla, cada alimento que España quiere vender en China necesita su propio permiso, su propia negociación y sus propias reglas.
El sistema es tan técnico como decisivo. Cada exportación depende de que exista un protocolo firmado y en vigor. Sin ese documento, simplemente no hay comercio posible. Cada protocolo fija cuestiones como: qué requisitos sanitarios deben cumplir los productos, qué controles se realizan en origen, cómo se garantiza la trazabilidad, qué instalaciones están autorizadas para exportar… Esto significa que abrir el mercado chino para un solo producto puede llevar años de negociación.
Proveedores de carne de cerdo
Desde el año 2018, España y China han suscrito 22 acuerdos de colaboración para la exportación de alimentos: cítricos, uva, caqui, porcino, productos de la pesca… y el año pasado, las cerezas. Cada nuevo protocolo es, en la práctica, una puerta que se abre para el campo español.
Pero sin duda, el porcino es la principal exportación agroalimentaria de España a China, por un importe de 571 millones de euros en 2024. De hecho, España se ha convertido en uno de los grandes proveedores de carne de cerdo para China precisamente porque su producción interna sufrió la crisis de la peste porcina.
El último acuerdo se firmó el pasado mes de noviembre, durante la visita de los Reyes a China, cuando se formalizaron los protocolos y controles sanitarios de productos de origen pesquero y la regionalización del porcino, que nos permitió seguir exportando cerdo siempre y cuando no fuese de las zonas afectadas por peste porcina africana.
Una relación rentable… pero vulnerable
Precisamente porque todo depende de acuerdos técnicos, la relación con China es especialmente sensible a cualquier cambio político o sanitario.
Un brote de enfermedad animal puede provocar el cierre inmediato del mercado. Ha ocurrido con la gripe aviar, por ejemplo, aunque nos salvamos in extremis del cierre absoluto para el porcino. Y también puede suceder por decisiones políticas: investigaciones comerciales, restricciones regulatorias o tensiones diplomáticas pueden traducirse en trabas a las importaciones.
Para España, China representa una oportunidad enorme para su sector agroalimentario. Permite diversificar mercados, aumentar exportaciones y dar salida a producciones de alto valor. Pero también obliga a moverse con cautela.
El modelo actual basado en protocolos individuales ofrece flexibilidad, pero también expone al sector a decisiones externas que no siempre controla, al albur de un Gobierno comunista. Por eso, el equilibrio es delicado: aprovechar el mercado chino sin depender en exceso de él.



