He reunido en el título de hoy dos conceptos que, de suyo, son contradictorios, aunque su contradicción en los términos no impide que puedan darse simultáneamente, potenciando sus resultados, aunque con signos opuestos. El aumento de uno –absentismo– implica inexorablemente la disminución del otro –productividad– considerada en su dimensión personal.
Ambos constituyen la lacra que en estos momentos está sufriendo la actividad económica de España. Las proclamas públicas son alarmantes, más aún si consideramos que las autoridades políticas y las sindicales no parecen estar dispuestas a ponerle freno.
Una de las más recientes en los medios de comunicación al uso se expresa en los siguientes términos: "1,7 millones de personas faltan cada día a su puesto de trabajo en España", habiéndose elevado la tasa de absentismo al 7,68% en el año 2025, que es la más alta de la serie histórica. No quisiera que el dato mencionado pueda ser mal interpretado por escasa explicitación.
Ese millón setecientas mil personas tienen trabajo, ocupan un puesto productivo en una entidad empresarial pública o privada, o bien en la propia Administración, y pueden y deben acudir a trabajar cada día, pero deciden refugiarse voluntariamente en el concepto de Incapacidad Temporal –más comúnmente avalado por prescripciones facultativas– que formalmente les protegen de su ausencia al trabajo diario, por el que perciben un salario y una cobertura de la Seguridad Social.
Para acercarnos a su dimensión cuantitativa, en términos económicos, pensemos que esa ausencia al trabajo supone un coste de 33.000 millones de euros, de los que 17.000 millones inciden negativamente sobre las empresas –quizá sea el método sociocomunista para acabar con los beneficios de los empresarios–, y 16.000 millones lo hacen, también negativamente, sobre el sistema de la Seguridad Social, incrementando sus déficits, que debe cubrir el Tesoro Público con impuestos o cotizaciones, o mediante el endeudamiento público.
El otro aspecto, motivo de preocupación, es la razón de ser de la disminución y subsiguiente estancamiento de la productividad en nuestro país desde 2018, quizá por casualidad, año en que comienza el gobierno del nuevo socialismo de Pedro Sánchez.
En los años anteriores, durante el Gobierno de Mariano Rajoy, la productividad del trabajo por persona era superior a la media de la UE-27 –101,6 en 2016 y 101,3 en 2017–, situándose por debajo de la media con el Gobierno de Pedro Sánchez, 99,2 en 2018, disminuyendo hasta el 97,4 en 2025. Mayor preocupación si cabe al adentrarnos en la productividad por hora trabajada que en el año 2025 se ha quedado en el 95,7, frente al 100 de la UE-27.
Por ello, cabe establecer una hipótesis para la reflexión: la menor productividad por hora trabajada frente a la ya baja productividad comparativa de la persona trabajadora ¿quiere decir que el absentismo deteriora las capacidades físicas y laborales de los absentistas, que se hace más patente en el dato sobre hora trabajada que en el de persona trabajadora?
Perder el hábito profesional y la sociabilidad laboral podría ser causa justificativa del deterioro en productividad.

