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Santiago Navajas

Elecciones el día de mi cumpleaños

El auténtico vencedor de estas elecciones ha sido José Luis Rodríguez Zapatero, al menos su espíritu encarnado en Pedro Sánchez.

El auténtico vencedor de estas elecciones ha sido José Luis Rodríguez Zapatero, al menos su espíritu encarnado en Pedro Sánchez.
Cordon Press

No siempre se cumplen años el mismo día en que hay unas elecciones generales. Todavía menos cuando te ha tocado presidir una mesa electoral. En mi caso, solo como segundo suplente. Aun así, a las ocho de la mañana estaba en la sede de votación rezando para que no faltase ninguno de los que me precedían en la lista. Hubo suerte y poco después me encontraba desayunando unos huevos benedictinos con bacon en esa hora en que los runners y los que salen de los afters se combinan, en la mezcla de viandantes más heterogénea.

Algo así, un totum revolutum de runners y afters de la política, se preveía que saliera de las urnas. El runner principal es Pedro Sánchez, que ha demostrado ser un fondista incansable, capaz de reponerse a todos los golpes del destino. Entre los afters están los de pasado terrorista y presente golpista, los Otegi y Junqueras de turno. Entre todos ellos, España será cada vez más roja y estará cada vez más rota. O, dicho de otra manera, será cada vez más socialista en lo económico y social, así como más desvertebrada en lo nacional y administrativo.

Para conmemorar la coincidencia de mi cumpleaños y la jornada electoral, encargué una tarta con una bandera nacional impresa en la superficie. Además de los escudos de la casa de Borbón, de los reinos de Navarra, Aragón, Castilla y León, y una corona como símbolo de la monarquía constitucional, en la enseña nacional se ven las columnas de Hércules con el célebre Plus Ultra, "Más Allá", el lema de Carlos I que simbolizaba la pujanza y dinamismo del imperio español, cuando no se ponía el Sol en sus territorios.

Por el contrario, si hubiese que elegir un lema para el actual Estado de Derecho español, en el que las sombras son cada vez más largas, habría que elegir Non Plus Ultra. Porque el auténtico vencedor de estas elecciones ha sido José Luis Rodríguez Zapatero, al menos su espíritu encarnado en Pedro Sánchez. En 2003 proclamó: "Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán", sin tomar en cuestión que en España existe la separación de poderes y que el Tribunal Constitucional podría sancionar, como finalmente hizo, que dicho estatuto era inconstitucional, al menos en parte. Según el relato nacionalista, esta refutación mínima del TC respecto a la voluntad expresada por el pueblo catalán en referéndum justificaría toda acción posterior, de la kale borroka al golpismo (de manera semejante a como en el País Vasco se usaba la dictadura franquista para justificar el terrorismo).

Con electoralismo oportunista o eficaz –según sean enemigos o admiradores quienes juzgan su acción–, el PSOE ha comprado dicho relato y se ha hecho tanto o más nacionalista que los nacionalistas. Así, Idoia Mendia brinda feliz junto a Otegi, mientras Iceta pronostica una retahíla de indultos a favor de los "políticos presos" o "presos políticos" –aquí sí importa quién monta a quién, no como en el caso de Isabel y Fernando–. El mismísimo Sánchez se fotografía junto al xenófobo presidente de Cataluña, al que ofrece un acuerdo casi sin condiciones. Al revés que el Ricardo III de Shakespeare, que se enfrentaba a su final ofreciendo cambiar su reino por un caballo con el que seguir luchando, Sánchez será capaz de ofrecer el Reino de España a cambio no de un caballo sino de un pacto de gobierno que acabe con la monarquía constitucional y con España como nación.

Pero la desvertebración de España a cargo de Sánchez implica también el descerebramiento de la nación. Para celebrar el cumpleaños me acerqué a ver Vengadores: Endgame. Se podía ver la película en clave de política española. Tanto por lo mala que es, con su abuso de la emocionalidad más simple (lo malo, si largo, dos veces malo), como porque solo hay un futuro de catorce millones posibles en el que las cosas salen bien. España está igualmente en modo Fin de Juego. Por el momento, el paradigma de Zapatero y Puigdemont, en las personas interpuestas de Sánchez y Torra, triunfa. España será más roja y estará más rota.

Más rota significa que estará menos vertebrada, con el nacionalismo levantando barreras culturales y sociológicas e intimidando a los disidentes constitucionalistas, que no tendrán más remedio que continuar huyendo de Cataluña y el País Vasco. La España de las Taifas seguirá sustituyendo de facto a la España de las Autonomías. La limpieza de sangre ideológica en clave socialista y nacionalista continuará. El referéndum que anunció Iceta y los indultos que no negó Sánchez ganan cuota de probabilidad. El golpismo y el terrorismo siguen poniendo picas en el Parlamento español. El apaciguamiento y la rendición prosperan entre los españoles como respuesta ante todo lo anterior; se trata de ganar paz a cambio de deshonor y de llamar "moderación" a la rendición, de dejar desamparados a los constitucionalistas que todavía se atrevan a desafiar los dogmas nacionalistas en, por ejemplo, Rentería y Barcelona. A cambio de que se les deje gobernar en Cataluña y el País Vasco, los nacionalistas apoyarán a los socialistas en su monopolio del resto de España. El modelo narcisista de los nacionalistas incluso se traslada a Galicia de la mano de Fraga-Feijóo, y el resto de regiones, abducidas, se desliza cada vez más hacia el folclore de la identidad y los juegos florales de los pequeños símbolos localistas.

Pero el apocalipsis para algunos es el paraíso para otros. Espero que el sacrificio de Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas, enfrentadas a las turbas como la Viuda Negra y la Bruja Escarlata de los Vengadores, no haya sido en balde. Aunque el resultado final probable ya lo sabemos. Parafraseando al recientemente fallecido Sánchez Ferlosio, vendrán más elecciones y más cumpleaños, tratemos de que no nos hagan más malos y ciegos.

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