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Pablo Planas

Amigos de Putin en España

Podrían haberse puesto de perfil pero no lo han hecho. Izquierda y separatistas han mostrado de qué lado están.

Podrían haberse puesto de perfil pero no lo han hecho. Izquierda y separatistas han mostrado de qué lado están.
Ione Belarra, en el Congreso. | Eduardo Parra / Europa Press

"Contribuir a esa escalada bélica no va a resolver antes el conflicto". Lo ha dicho la ministra de Asuntos Sociales, Ione Belarra, respecto a la promesa de Pedro Sánchez de enviar armas a Ucrania. Era cuestión de días que el ataque de Rusia a Ucrania desnudara el sometimiento de Unidas Podemos al régimen de Putin, junto a la chusma bolivariana y castrista. De las tibias condenas han pasado a la fase de hacer todo lo posible para que España no contribuya en el envío de armas a Ucrania, posición coherente con el rechazo a las sanciones económicas o con propalar el bulo de que Russia Today y Sputnik son medios de comunicación. Rusia es una potencia propagandística cuya influencia en la izquierda europea y en los movimientos separatistas es un hecho evidente. Un hecho que explica las actuales consignas procedentes de esos segmentos y relacionadas con supuestas masacres ucranianas en el Donbass, el presunto nazismo que imperaría en Ucrania y una doble cara de Zelenski.

Se confía tanto ahora en la resistencia ucraniana como hace seis días en que Rusia derrotaría a Ucrania en pocas horas. De modo que no es descabellado pensar que entre el anuncio y el envío efectivo de armas españolas haya caído Kiev. Tampoco ha especificado Pedro Sánchez qué clase de armas tiene en mente. En fin, que Ione Belarra pudo haber mirado para otro lado pero ha preferido oponerse igual que Puigdemont prefirió abstenerse en la votación del Parlamento Europeo que aprobó una donación de 1.200 millones a Ucrania.

Podrían haberse puesto de perfil pero no lo han hecho. Izquierda y separatistas han mostrado de qué lado están. En su versión de la historia, o se rinde Ucrania o Ucrania, Europa y los Estados Unidos serán culpables del derramamiento de sangre. O sea, responsables de los crímenes de guerra y contra la humanidad que comete Putin. Y a mayor abundamiento se dedican a difundir las mentiras fabricadas por el Kremlin sobre el expansionismo de la OTAN y lo nazis que son esos judíos.

No está España precisamente llamada a desempeñar un papel de relieve en esta guerra. A finales de junio está prevista una cumbre de la OTAN en Madrid, pero hasta ese momento pueden pasar muchas cosas y todas potencialmente catastróficas, como que Podemos siga en el Gobierno. Hay que contar además con la agenda interna, la crisis económica y, ya puestos, otra oleada de coronavirus. Así que la influencia de Ione Belarra, el chistoso Rufián o el prófugo Puigdemont en el curso de estos acontecimientos es nula. Pero se retratan, del mismo modo que las organizaciones que representan. Pedro Sánchez gobierna con unos e indulta a los otros. Y todos, sin excepción, sostienen muy preocupados que Europa cerró las puertas a los sirios (que es mentira porque Alemania acogió a más de un millón de personas) y ahora las abre de par en par a las mujeres y los niños de Ucrania porque son rubios y de ojos azules. ¿Acaso les molesta que puedan huir de las garras de Putin y salvar la vida?

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