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Antonio Robles

La huella de la sumisión

Esa neblina inapreciable que se cuela en nuestra alma en tiempos donde la hegemonía moral de unos acaba calando hasta los huesos en otros.

Esa neblina inapreciable que se cuela en nuestra alma en tiempos donde la hegemonía moral de unos acaba calando hasta los huesos en otros.
Manifestación independentista en el primer aniversario del 1-O | EFE

A veces una pequeña anécdota puede decir más que una evidencia sangrante.

Se lamentaba Miquel Giménez este final de agosto después de viajar por España, que "cuando viajas por nuestro país te das cuenta del problema que tenemos en Cataluña". Y dejaba sobre la mesa dos tipos de españoles, los que comprenden la locura que vivimos los catalanes, pero se inhiben ante ella, y los que les importa un pimiento y nos echan la culpa de nuestra desgracia por no votar como debemos. En uno y otro caso, actúan como si Cataluña fuera un lugar ajeno a sus vidas. Exactamente cómo piensan los nacionalistas: Cataluña no es España.

¿Falta de patriotismo o pura ignorancia? Abundaré con un ejemplo nimio sobre la verdad de fondo que expone Miquel Giménez.

A finales de agosto, hube de asistir junto a mi hermana a la notaría de Bermillo de Sayago (Zamora) para firmar unas escrituras de esas que se han quedado empantanadas en el tiempo por la muerte de familiares lejanos. Pura solidaridad con sus descendientes.

Nos atendió una notaria diligente y atenta. Explicó el galimatías de forma concisa y claridad de ideas. Por ahí todo perfecto, pero cuando nos disponíamos a levantarnos y despedirnos después de la firma, le pregunté por una anécdota del texto escriturado que me pareció morbosa.

—Me come la curiosidad, ¿por qué en un texto notarial escrito en su totalidad en castellano, a la hora de poner Gerona ha leído usted Girona?

—Por deferencia a su hermana.

—Entiendo, pero siendo ella castellanohablante, quizás la deferencia debería ser al contrario.

—No, porque ella vive en Cataluña.

—Ya.

Y nos enzarzamos en una discusión estúpida pero muy clarificadora. Para ahorrarle el trago, resumo: suponía la notaria que por el mero hecho de vivir en Cataluña lo normal era hablar en catalán, y hacerle tal deferencia a una persona de allí era lo correcto. Es decir, había interiorizado el relato nacionalista hasta el tuétano. Importaba poco la mayoría social: un 52,7% sea castellanohablante frente a un 31,5% catalanohablante. Y lo que es peor, tampoco que esa población mayoritaria no pueda estudiar en su lengua materna, como en la dictadura no se pudo estudiar en catalán. El lenguaje al servicio de la manipulación.

Se lo hice saber remarcando que se estaba conculcando un derecho fundamental recogido por nuestra Constitución, el derecho a estudiar en la lengua oficial del Estado. Lejos de reconocer la exclusión, empezó a tirar balones fuera alegando que hay muchas normas que no nos gustan, como la subida de la luz, y otras normativas locales menores. Traté de razonarle que no era lo mismo un derecho recogido por nuestra Constitución, que el precio de la luz o cualquier otra norma menor que es fruto del juego democrático. Pero no hubo manera, toda una experta jurídica no veía diferencia alguna entre el derecho fundamental a estudiar en castellano que todos los españoles tenemos, como toda mujer tiene a votar por encima de las coyunturas políticas, y la subida de la luz o cualquier otro avatar circunstancial propio del juego político de gobierno y oposición con el que podemos estar o no de acuerdo. Lo asombroso era que lo hacía desde el corazón de Castilla y León siendo una persona ilustrada y supuestamente bien informada.

Por un momento pensé que era ignorancia. Pero pronto me aclaró que había vivido hacía muchos años en Lleida. Esa neblina inapreciable que se cuela en nuestra alma en tiempos donde la hegemonía moral de unos acaba calando hasta los huesos en otros. Quizás indiferencia. No sé qué es peor.

Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura se perdió un caballo, por un caballo, un general, por un general, la guerra.

PD: El día 18 de septiembre de 2022 en Barcelona, manifestación de Escuela de Todos por el derecho a estudiar en castellano. Para asegurar el clavo.

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