Menú
José García Domínguez

El 'sudoku' imposible de Feijóo

El PSOE puede seguir usando, como siempre, las dos muletas del nacionalismo vasco y catalán, pero el PP ya solo dispone ahora de una.

El PSOE puede seguir usando, como siempre, las dos muletas del nacionalismo vasco y catalán, pero el PP ya solo dispone ahora de una.
Alberto Núñez Feijóo | Europa Press

El 1 de Octubre no cambió prácticamente nada en Cataluña, donde las cosas han seguido funcionando conforme a la cansina rutina histriónica y atrabiliaria de siempre, pero provocó, en cambio, la transformación radical de las reglas del juego no escritas por las que hasta aquel momento se había regido el sistema de bipartidismo imperfecto diseñado por los constituyentes del 78 para garantizar la alternancia en el poder entre los dos grandes partidos del sistema, PSOE y PP. Es una de esas paradojas contraintuitivas y no provocadas de modo deliberado por nadie que tanto se dan en la historia.

De ahí que, a día de hoy, el orden político catalán resulte tan familiar y reconocible como de costumbre, mientras que la lógica de la correlación de fuerzas en el ámbito español sea tan novedosa. Y es que aquel bipartidismo corregido que tenían en mente los padres de la Constitución se asentaba sobre la premisa implícita de que tanto conservadores como socialdemócratas, ambos indistintamente, podrían contar siempre con el apoyo parlamentario de los nacionalistas vascos y catalanes. Tras cada competición electoral, pues, el partido que obtuviera más número de escaños que el otro sabía de antemano que los separatistas moderados de Barcelona y Vitoria le abrirían de par en par las puertas de La Moncloa.

Pero el 1-O derogó, y para siempre, aquella norma, introduciendo un sesgo estructural a favor de la izquierda en el sistema. Porque el PSOE puede seguir usando, como siempre, las dos muletas del nacionalismo vasco y catalán, pero el PP ya solo dispone ahora de una, exclusivamente de una: el PNV. Lo que implica que, sea cual sea el resultado en las urnas, la izquierda siempre va a disfrutar de una prima añadida a fin de sumar mayorías parlamentarias. Pero es que, por si fuera poco, el recurso al PNV se hará más y más difícil cuanto mejores resulten los resultados de Vox. Y ello porque al PNV le saldría prohibitivamente caro dentro de su mercado doméstico el enseñarse como un socio encubierto de Abascal. El drama de Feijóo reside en que una mayoría aritméticamente factible —la resultante del sumatorio de PP, Vox y PNV— sería políticamente inviable, absolutamente inviable. Si Podemos y Yolanda no terminan de romper del todo, el gallego lo va a tener muy difícil. Pero que muy difícil.

Temas

En Opinión

    0
    comentarios