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José García Domínguez

Los poderes ocultos

El 15% de la población recibe rentas inmobiliarias fruto de arriendos. Estamos hablando, entiéndase, de un grupo que puede poner y quitar presidentes.

El 15% de la población recibe rentas inmobiliarias fruto de arriendos. Estamos hablando, entiéndase, de un grupo que puede poner y quitar presidentes.
Vista de los carteles de alquiler en un piso de Madrid. EFE/ Jennifer Gómez | EFE

Cuando algunos políticos se lanzan a fantasear sobre los grupos de influencia ocultos en la sombra que manejarían los hilos del verdadero poder, afición conspiranoica a la que en los últimos tiempos se ha abonado el presidente Sánchez, la gente piensa en Soros, Putin o la CIA. En ese mismo orden de paranoias, si la cosa va de materias relacionadas con lo inmobiliario, enseguida irrumpe en escena otro de esos sospechosos habituales: los famosos fondos buitres. Así, se ha instalado, sobre todo entre la opinión de izquierdas, la percepción de que unos pocos consorcios empresariales extranjeros, todos dotados de potente músculo financiero y manifiesta voluntad especulativa, serían los responsables del encarecimiento que hoy retrata la situación del mercado del alquiler inmobiliario.

Ya desde el propio mote, los fondos buitres constituyen el villano ideal a efectos de escenificar un retablo maniqueo, con el Bien corriendo por la banda izquierda del campo y el Mal, por la derecha. Una vez leí por ahí, no recuerdo ahora a quién, que la única virtud profesional de los economistas reside en que dominan el arte de contar. Pero si uno se pone a contar, la leyenda del turbio poderío sobre el ladrillo español de Blackstone y similares se viene abajo. Pues ocurre que esos pequeños buitres de importación apenas poseen, junto a la banca local, el 4,2 % del total nacional de inmuebles en régimen de arriendo.

Mientras que el resto del parque en alquiler, unos tres millones y medio de pisos (no existen datos muy precisos por la enorme cantidad de contratos que se celebran en negro) resulta ser propiedad de simples titulares individuales. Una de las singularidades hispanas en relación a Europa es justo esa. Somos, y por causas que se remontan a la política de vivienda del franquismo, un país de pequeños rentistas inmobiliarios. Al punto de que el 15% de la población recibe rentas inmobiliarias fruto de arriendos. Estamos hablando, entiéndase bien, de un 15% del censo electoral. Y eso es un lobby poderosísimo que puede poner y quitar presidentes. Sánchez se la juega con la Ley de Vivienda.

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