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Agapito Maestre

Amando de Miguel, un maestro sobrio y auténtico

Ha muerto un maestro del pensamiento. No es un halago. Es una realidad.

Ha muerto un maestro del pensamiento. No es un halago. Es una realidad.
Amando de Miguel. | Wikipedia

La tristeza me invade. Ha muerto un amigo. No puedo escribir esta nota de despedida sin empezar citando unas frases de sus Memorias y desahogos: "La muerte propia es la integral de las muertes de las personas cercanas. Es decir, los que realmente nos vamos muriendo poco a poco somos los que nos consideramos supervivientes".

El Ser de Amando de Miguel se dice de muchas maneras. Una es inequívoca y rotunda: ha muerto un maestro del pensamiento. No es un halago. Es una realidad. Un Ser, cuya cruz está a la vista de todos, pero que sólo valorarán con justicia quienes hayan pasado por su conciencia, o sea pensado, que saber en España es sufrir. No es sencillo ser un maestro del pensamiento en un país cuyos dirigentes políticos desprecian la inteligencia. Fue un pensador. Era, fue y seguirá siendo uno de los grandes de España. También toda su obra debe entenderse como un servicio de España. Fue un Guía con mayúscula. Debajo de sus cambios de aspecto y perspectiva, de sus mudanzas espirituales y cambios intelectuales, permanecía él mismo. He ahí un intelectual auténtico. Un Guía. Nadie mejor que Amando de Miguel nos ha enseñado la hondura y la bajura de España a través del estudio de la superficialidad de sus creencias, usos, costumbres e ideas.

Penetraba con mirada prístina, original y limpia en lo visible de la sociedad hasta enseñarnos el tejido invisible, a veces oscuro y poco presentable, que lo sustentaba. Y cuando no lo mostraba, conseguía algo aún más difícil; sí, su argumentación y su escritura, lograban sugerirlo. Una parte importante de su obra contiene grandes y asombrosas sugerencias. Sus sugerencias son, en efecto, el mayor estro que ha recibido la Sociología española de todos los tiempos. Son casi pensamientos para seguir pensando. No es poco. Nos enseñó, sí, a pensar por nuestra propia cuenta. Sus sugerencias eran, en verdad, genuinos pensamientos, materia gris indispensable para seguir pensando, que no otra cosa lleva adentro el neologismo de origen francés: reflexión.

Amando de Miguel reflexionaba permanentemente, volvía sobre lo pensado, dudaba y jamás se entregaba a un pensamiento como si fuera el último. Era todo lo contrario de un tipo fanático. Odiaba el sectarismo. Y, sobre todo, comparaba, comparaba y comparaba. La base de toda su Sociología fue la comparación. Es la gran categoría, o mejor, la gran aportación de Amando a la Sociología española. La inteligencia, repetía él con conciencia filosófica, siempre procede por comparación: A es más listo que B, o la sociedad A es mejor o peor que la B… Por eso, precisamente, sus taxonomías, clasificaciones y encuestas iban más allá, mucho más lejos, de ser estudios serios, precisos, en fin, "científicos", de la realidad histórica y social. Valoraban, sí, lo analizado. He ahí la grandeza de un un maestro: su coraje para estar en la brecha… Jamás tuvo miedo de valorar. Jamás se abstuvo. Jamás dejó de comprometerse con la verdad. Por eso, y por mil cosas más, digo que ha muerto el inventor de la Sociología en España, pero él seguirá viviendo siempre entre nosotros, entre los sociólogos del presente y del futuro, porque nunca dejará de ser el símbolo de la Sociología española.

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