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Emilio Campmany

Sabino Arana, que estás en los cielos

Si la presión sobre el Buru Batzar se hace lo suficientemente intensa, no es descartable que el PNV acabe tirando abajo la investidura de Sánchez.

Si la presión sobre el Buru Batzar se hace lo suficientemente intensa, no es descartable que el PNV acabe tirando abajo la investidura de Sánchez.
El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban. | EFE

Repsol y su filial vasca Petronor han suspendido sus inversiones en España a la vista del propósito del futuro Gobierno del PSOE y Sumar de perpetuar los impuestos a las energéticas. Estas advertencias no van destinadas al PSOE, que no puede prescindir de los comunistas ni de su programa si quiere seguir pastando en el presupuesto. Van dirigidas muy probablemente al PNV, cuyos votos son tan indispensables como los del que más. Es evidente que Imaz ya ha debido intentarlo en privado y que, habiendo fracasado, ahora hace sus advertencias en público por ver si son más eficaces. No caerá esa breva porque hoy en el PNV, como casi siempre, mandan quienes quieren destruir a España por encima de todo. Creen que tienen armas con las que defenderse de las políticas comunistas del Gobierno porque, controlando la inspección de sus Haciendas, ya puede el Gobierno aumentar los impuestos que ellos los bajarán dejando que sus contribuyentes defrauden cuanto sea necesario. Pueden igualmente tirar abajo las leyes que este Gobierno lleve a las Cortes y pueden confiar por tanto en controlar los daños mientras la odiada nación española se desangra. El problema desde el punto de vista de Imaz, y desde el de todas las multinacionales vascas, es que la Diputación Foral de Vizcaya no puede protegerlas de los impuestos especiales que contra ellas invente el Gobierno. Y de eso es de lo que se queja Imaz.

Si la presión sobre el Buru Batzar (tiene gracia que tenga un nombre propio de un mercado persa) se hace lo suficientemente intensa, no es descartable que el PNV acabe tirando abajo la investidura de Sánchez. Es por otra parte evidente que los socialistas no las tienen todas consigo. De hecho, durante el intento de investidura de Feijóo, el gallego se acercó a saludar a Aitor Esteban y al resto de diputados nacionalistas. Después de marcharse, Bolaños corrió a enterarse de qué habían estado hablando por miedo a que el popular les hubiera convencido de que lo invistieran. Lo que significa que, como los conocen, les tienen más miedo que a un nublado.

Hay por tanto una posibilidad remota de que los nacionalistas vascos, tan amigos como son de traiciones y falsías, acaben votando en contra de Sánchez por apaciguar a su ganado empresarial, que ya se ve que está muy soliviantado. Es improbable, pero soñar no cuesta dinero. Y si así ocurre, como Churchill dijo que tendría unas palabras a favor del diablo si Hitler invadía el Infierno, yo las tendré para el PNV si los empresarios vascos se cargan a Sánchez, Ortuzar mediante. Mientras tanto, por si acaso, no sobra una novena a San Sabino Arana, que Dios tenga en su Gloria, al menos durante estas semanas.

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