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José T. Raga

El paro juvenil, una lacra social

¿Se ha preguntado alguien del Gobierno cómo con esos niveles de escolarización alcanzamos la mayor tasa de desempleo de los escolarizados?

¿Se ha preguntado alguien del Gobierno cómo con esos niveles de escolarización alcanzamos la mayor tasa de desempleo de los escolarizados?
La ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría | EFE

No estoy anunciando algo que no sea evidente. Desconocerlo, sobre todo por quienes debieran aportar soluciones, es un fraude a esa sociedad del futuro, que ya es presente.

Y, cuando hablo de quienes pudieran aportar soluciones, pongo el foco en las Administraciones Públicas y, más concretamente, en el poder político. Éste, se abroga la facultad/poder de regular algunos mercados, y el mercado de trabajo es, probablemente, el que merece mayor atención.

Es en el trabajo donde entra en juego la vida de las personas, su capacidad para desenvolverse, su participación en el crecimiento y bien de la comunidad, y, sobre todo, la sensación de ser útiles a los demás y de perfeccionarse en la vida propia y en la de los suyos.

Hablamos de jóvenes en los inicios de su edad laboral, una cohorte de edad que comprende desde los dieciocho –dieciséis, con permiso de los padres– y hasta los veinticuatro años –edad esta última a la que se supone superado el período formativo– que no encuentran trabajo.

Ese escenario, que he intentado describir con máxima neutralidad, les sume en la incapacidad, en la impotencia y, generalmente, en la insolvencia. Desesperadamente buscan nuevas vías de acceso a un puesto de trabajo, desde el que poder realizar planes para un futuro, casi ya presente.

Creo ser honesto, si digo, que existen motivos que abonan esa actitud, que es de los jóvenes singulares, y de los grupos o colectivos, copartícipes en la educación reglada o en los procesos de formación postgraduada.

El motivo alarmante, sin duda, aparece representado por la tasa de desempleo juvenil en España, que alcanza el 26,8% de la cohorte contemplada; la mayor tasa de la Unión Europea.

Pero esa cifra, no nos confundamos, no es un simple dato estadístico, como pueda serlo el índice de lluvias, o la temperatura máxima en un mes determinado, sin embargo, se dedica mayor atención a estas últimas que a la del paro juvenil, que compromete la vida de tantos jóvenes.

Los jóvenes parados pensarán, que hicieron todo lo que debían hacer. Realmente, en todas las etapas educativas, los escolarizados en España estuvieron por encima de la media de la Unión Europea: en Infantil (3 años) un 10,8%; en Primaria (6 años), más de dos veces la media; en Secundaria/Terciaria (18 años) un 93,5%; y en Terciaria/Superior (20-24 años) un 34,4%.

Es decir que, el problema no es la falta de escolarización. ¿Se ha preguntado alguien del Gobierno, especialmente los ministros/as de Trabajo y de Educación, cómo con esos niveles de escolarización, alcanzamos la mayor tasa de desempleo, de los escolarizados?

Regular un mercado –el que sea, trabajo, educación…– es una tentación irresistible para muchos gobiernos –sobre todo los de izquierda– pero, responsabilizarse por su desastroso resultado, es una asignatura pendiente, que se encubre con insultantes subvenciones a los parados, y éxitos indebidos a los escolarizados, pretendiendo, con ello, conseguir votos a cambio de vidas dignas.

Lo regulado, claramente, no sirve. ¿Qué se hacía en las aulas? ¿Indisciplina tolerada de los escolares? ¿Planes de estudio superfluos? ¿Carencias del profesorado?

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