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Emilio Campmany

Perdedores al poder

Teniendo el PSOE como tiene tan pocos ganadores, su secretario general los castiga a la vez que recompensa todo tipo de fracasos.

Teniendo el PSOE como tiene tan pocos ganadores, su secretario general los castiga a la vez que recompensa todo tipo de fracasos.
Pedro Sánchez y Miquel Iceta en una imagen de archivo. | EFE

Éste es un Gobierno de perdedores. No sólo por la evidencia de que su presidente perdió las elecciones del 23 de julio, junto con los ministros, socialistas e independientes, de su anterior Gobierno, cuya gestión fue censurada en las urnas y sin embargo han conservado sus carteras. No sólo porque la extrema izquierda, coaligada con el PSOE durante la legislatura anterior, también las perdió. Sino porque lo que ha hecho el presidente es sacar el coche escoba para salvar del sumidero a quien ha podido de los que perdieron las elecciones municipales y autonómicas. Es el caso de Óscar Puente, ministro de Transportes, que perdió la alcaldía de Valladolid por su deficiente gestión. Igual que Ana Redondo, ministra de Igualdad, concejal de ese mismo ayuntamiento y cooperadora necesaria en que el PSOE lo perdiera.

A Elma Saiz, ministra de Seguridad Social y Migraciones, le pasó lo mismo en Pamplona. Qué decir de Mónica García, ministra de Sanidad. Ésta no es que perdiera las elecciones, sino que lleva la pobre recibiendo estopa en Madrid más que todo el PSOE junto, que ya es decir. Si de recompensar la derrota se trataba, no cabe duda de que Mónica García era quien más merecía un ministerio. No se entiende que no la hayan hecho vicepresidenta, habiendo Sánchez nombrado a tantas. El caso de Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, es peculiar porque ganó en Canarias. Pero Coalición Canaria, que es más traicionera que el PNV, se coaligó con el PP para quitarle la presidencia de la comunidad autónoma. De modo que no es técnicamente un perdedor. Claro que tampoco lo es Guillermo Fernández Vara y se ha quedado fuera. Más lo merecía Ximo Puig, que es un perdedor con balcones a la calle, y Sánchez lo ha dejado a la intemperie.

Lo más gracioso de este Gobierno es que su vocación de perder es tanta que, teniendo el PSOE como tiene tan pocos ganadores, su secretario general los castiga a la vez que recompensa todo tipo de fracasos. Me refiero al PSC, que habiendo obtenido en Cataluña unos resultados espectaculares y controlando dos ministerios, ha perdido uno.

Al pobre Miquel Iceta, gustándole tanto bailar el Don’t Stop Me Now de Queen, su idolatrado líder va y le dice precisamente ahora que se sujete, que no hay silla para él. Y eso que dijo bien clarito que se conformaba con cualquier cosa. Si en vez de 19 diputados llega el PSC a sacar los 25 que obtuvo en 1982, Sánchez les manda a todos a comerse los mocos.

¿Por qué el presidente ha primado a los socialistas vallisoletanos con dos ministerios y ha humillado a los catalanes con sólo uno? La única explicación posible es porque en Valladolid tienen el buen gusto de hacer lo que el jefe, perder. En cambio, en Cataluña el PSC le afea sus pobres resultados ganando. Quizá el presidente sea efectivamente un superviviente nato o un Maquiavelo del siglo XXI. Ahora, a lo que no le gana nadie es a rencoroso. Si él pierde, en su corte sólo puede haber sitio para otros perdedores. E Iceta, que pare, que no está el horno para bollos.

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