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Emilio Campmany

¡Claro que es terrorismo!

Para que haya terrorismo la violencia, o la amenaza de su empleo, tiene que estar organizada, amén de dirigida a un fin político.

Para que haya terrorismo la violencia, o la amenaza de su empleo, tiene que estar organizada, amén de dirigida a un fin político.
Protesta de los CDR en Girona por el tercer aniversario del 1-O. | Europa Press

Pedro Sánchez, jurisperito en trampas y doctor en triles, sentenció que el independentismo catalán no es terrorista. La afirmación es estúpida, pero ha servido para que, cuando, por doce a tres, la Junta de Fiscales del Supremo ha dictaminado que lo que organizó Tsunami Democràtic en 2019 es terrorismo, muchos consideren que es una exageración cuando no una prevaricación. Dicen los seguidores del presidente que, si aquello fue terrorismo, también lo será lo que están haciendo estos días los agricultores, especialmente los franceses.

El presidente del Gobierno, más por mala fe que por ignorancia, aunque de ambas va muy sobrado, dio a entender que, para que una acción sea calificada de terrorista tiene que ser muy violenta. El asesinato y el secuestro son terrorismo. La toma de un aeropuerto por una turba, el corte de carreteras o la interrupción del tráfico ferroviario, no.

El planteamiento es falso. Hay muchos asesinatos que no son terrorismo, como hay mucha violencia que tampoco lo es. Y hay acciones que producen pocos daños o ninguno y en cambio lo son. Lo que caracteriza al terrorismo son dos cosas, la violencia, a la que hoy recurren los agricultores franceses, y la finalidad política, que es lo que no hay en las carreteras francesas, pues tan sólo se persiguen fines económicos. Ocurre lo mismo en las huelgas violentas, que a veces pueden serlo mucho, pero eso no las convierte en terrorismo. En las manifestaciones políticas, si la violencia que eventualmente pudiera darse no está organizada, tampoco hay terrorismo. Para que lo haya, la violencia, o la amenaza de su empleo, tiene que estar organizada, amén de dirigida a un fin político.

Como puede verse, entendido así el terrorismo, que es como hay que entenderlo, lo de Tsunami lo es. Puede que haya alguna duda acerca de si los organizadores pretendían protestas pacíficas que luego, por lo que sea, descarrilaron. Pero, parece que hay pruebas suficientes en el sumario para saber que las protestas se idearon para ser violentas, no se convirtieron en tales por factores incontrolados. En cualquier caso, lo determinante no es el grado de violencia, sino que sea organizada y que su objetivo sea político. La extorsión o la kale borroka que practicaba ETA eran delitos relativamente menores, pero eran delitos terroristas sin ninguna duda. Y lo eran por la finalidad que perseguían. La extorsión que realizan las bandas mafiosas o las protestas violentas de los hinchas de fútbol no lo son, aunque recauden más dinero o produzcan más destrozos.

Por lo tanto, cuando el presidente dice que el independentismo catalán no es terrorista, debería aclarar que el vasco tampoco lo es, ni lo fue. Lo que es terrorista son las organizaciones que pretenden el cambio político que desean los independentistas por medio de la violencia. Cuando está embridada y no llega a incluir asesinatos ni secuestros, se llama terrorismo de baja intensidad, pero no deja de ser terrorismo. ETA era una organización terrorista y Tsunami, empleando medios más contenidos, también lo es. Es infame que Sánchez, por un interés exclusivamente personal, ponga a sus seguidores en contra de la Justicia para convencerles de que quienes aprecian terrorismo prevarican. Y lo hacen, sugiere, no por aplicar la ley, sino para pincharle el globo de la amnistía. Es falso, como casi todo lo que dice. Pero, en esta ocasión es además una mentira muy peligrosa.

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