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José T. Raga

Vanagloria sin límites

Cuando hablamos de presunción o vanagloria, el exponente más elocuente es el presidente del Gobierno.

Cuando hablamos de presunción o vanagloria, el exponente más elocuente es el presidente del Gobierno.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez | Europa Press

No creo que ningún lector precise explicación acerca del título de hoy. Hasta los más alejados de los entresijos políticos saben que cuando hablamos de presunción o vanagloria, el exponente más elocuente es el presidente del Gobierno. Y lo es, en cualquier circunstancia.

Un ejemplo de ello fue la Sesión de Control al Gobierno en el Congreso, el siete de febrero. Antes de entrar en su contenido, me atrevo a confesar que siempre entendí las sesiones de control al gobierno como instrumento para eso, para controlar la acción del Poder Ejecutivo.

En otras palabras, para que el presidente del Gobierno dé cuenta de las decisiones/medidas tomadas, y de sus resultados –aunque esperados–, así como de las desviaciones posibles, frente a sus objetivos iniciales; en definitiva, lo cumplido y lo por cumplir, sea favorable o adverso, en cada caso.

Pero nunca, una Sesión de Control al Ejecutivo, en el seno del Poder Legislativo, sería el lugar idóneo para las promesas –tan ajenas a la realidad como de costumbre–, tratando, como en los mítines electorales, de conseguir el favor de los electores. Esa afición a situarse siempre en un proceso electoral ya le han valido reproches varios, de la Junta Electoral Central, por la confusión de sus intervenciones: como candidato y como presidente del Gobierno.

Lo más parecido a la materia propia de Control, por buscar algo acorde con ello, debería haber sido el capítulo de ayudas a los agricultores: las directas, las para modernización de regadíos, y las ayudas a explotaciones ligadas a la PAC. En total, casi nueve mil millones de euros.

Pero el control no puede limitarse al listado de ayudas, más o menos genérico, sino, sobre todo, a los resultados de las mismas. ¿Cuál fue su resultado, porque los tractores siguen colapsando las carreteras?

Lo que, en mi humilde opinión es inadmisible, en aquella Sesión, es que el presidente, se limite a prometer lo que va a hacer en el próximo futuro; sin fecha naturalmente, y, probablemente, como tantas veces, estemos ante promesas presidenciales que quedarán incumplidas.

Dos fueron las promesas destacadas del presidente: una, reforzar la ley de la cadena alimentaria, supongo que para evitar la competencia desleal, si es que existe –rasgo claro de populismo–, y otra, disminuir la burocracia de la Política Agraria Común (PAC). Promesas, promesas… cuál de ellas se podía controlar, que era la razón de ser de la Sesión del Congreso.

Todo ello, impide mi silencio, así que debo preguntarle al presidente: ¿Quién se ha pensado que es? Hace poco más de un mes que finalizó su turno como Presidente del Consejo Europeo, sin haber conseguido logro alguno digno de mención en los seis meses; ahora finge que Bruselas y la Comisión están a sus pies, para reforzar la ley alimentaria –refuerzo, difícil valorar– y simplificar la burocracia de la PAC. ¿Por qué no la reforzó, ni la simplificó, durante su turno presidencial?

Bruselas, suele enviarle advertencias conminatorias; la última la de reducción, ya, de la deuda española, en un 1% anual (15.000 millones).

¡Modestia, presidente, modestia… y sin engaños!

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