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Pablo Planas

Los niños que reniegan del catalán

El catalán no está a un paso de la extinción, pero es un buen argumento para quienes viven de la inmersión.

El catalán no está a un paso de la extinción, pero es un buen argumento para quienes viven de la inmersión.
Un aula desierta. | EFE

Nueva alarma. La enésima. El idioma catalán se muere. Después de más de cuatro décadas de inmersión lingüística, de discriminación del español, de miles de millones de euros invertidos en el fomento de una lengua y la desaparición de otra, ese delirante experimento sociológico no acaba de funcionar como se esperaba. Resulta que el idioma que desaparece no es el español sino el catalán. Claro que hay un punto de exageración. El catalán no está a un paso de la extinción, pero es un buen argumento para quienes viven de la inmersión. La alerta les reporta más dinero, más recursos y más normas en defensa de una lengua que han logrado tornar antipática para muchos de sus propios hablantes.

Ahora y según reporta La Vanguardia, un grupo de profesores de catalán se ha unido para frenar el retroceso académico de su asignatura. En la "escola catalana" se habla un catalán malo hasta decir basta. Y además se habla menos. La Generalidad ha logrado impedir que se cumpla la sentencia del 25% de español en la enseñanza obligatoria con el apoyo de los socialistas, pero es incapaz de revertir el galopante deterioro y declive de la lengua de Pompeu Fabra en sus aulas y fuera de sus aulas. El catalán es la lengua única, pero según este grupo se enseña mal y se habla peor porque los docentes no son filólogos y no son pocos los profesores que imparten materias troncales en catalán que no superarían un examen del nivel C2, según ellos.

Están muy preocupados los comisarios lingüísticos del catalán. Los digitales independentistas dan cuenta con espanto de esa especie de moda entre niños y niñas de hogares catalanoparlantes de hablar en español. Eso sí, un español de reguetón o narcocorrido con expresiones como "no mames, güey", "chévere", "chimba" y "ahorita". Nada que ver con el que se debería enseñar en los colegios. Los críos desafían a sus profesores hablando español, un español de malote. En realidad se trata de una mezcla de español y catalán terminando todas las frases con el "bro" de "brother". Más o menos.

No es broma. El último informe PISA advertía de la catástrofe de la enseñanza en Cataluña. Es una de las consecuencias de haber convertido la inmersión lingüística en el principio y final del proceso educativo. Y lo han hecho tan mal que el resultado objetivo de sus desvelos es el desprestigio del catalán y el retroceso de su uso. Pero son tan listos que les parece que lo más inteligente después de cuarenta años de abusos es insistir por ese camino. No quieren enseñar el catalán, sino impedir que se enseñe también en español. Y así es muy difícil que los niños aprendan algo.

En la escala general, esa obsesión por desterrar el español e imponer el catalán como lengua única está presente en todo lo público y en lo privado hasta donde llega la influencia de las administraciones, todas ellas volcadas a favor del catalán y en contra del idioma al que despectivamente se refieren como "castellano".

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