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José García Domínguez

El referéndum trucho de Aragonès

Desde lo de la amnistía a los de la Esquerra se les ha quedado una cara de pagafantas que va a resultar muy difícil de gestionar en las urnas.

Desde lo de la amnistía a los de la Esquerra se les ha quedado una cara de pagafantas que va a resultar muy difícil de gestionar en las urnas.
Pere Aragonès. | Europa Press

El cesante Pere Aragonès, junto con José Montilla el mejor presidente de la Generalitat de toda la Historia gracias a tampoco haber hecho nada de nada durante su mandato, ha querido despedirse de la afición anunciando un referéndum de independencia trucho, como dicen en Argentina. Una bola que no se cree nadie, pero con la que el hombre intenta levantar algo la moral de los suyos, por los suelos desde que Puigdemont dejó a la Esquerra con el culo al aire tras obtener la amnistía de Sánchez a cambio de un poquito de nada con sifón.

Y es que, desde lo de la amnistía, a los de la Esquerra se les ha quedado una cara de pagafantas que va a resultar muy difícil de gestionar en las urnas. De ahí el conejo en la chistera del referéndum, un cuento chino de última hora que apenas va a servir para que los columnistas llenemos el folio del día en medio de ese Chernóbil de las ideas que está siendo la precampaña electoral doméstica. Ocurre, por lo demás, que a nuestros separatistas les gusta mucho perorar sin descanso sobre los referéndums que nunca se han celebrado, pero siempre callan como muertos sobre los que sí se llegaron a sustanciar en el plano de la realidad material y tangible; de esos no se les escucha decir ni pío.

Y en las contadísimas ocasiones en que conceden realizar alguna mención a ellos, mienten. Así, cuando ya andaban preparando en secreto la insurrección de octubre del 17, nos estuvieron dando la tabarra a cuenta de que eso que ellos llaman "el pueblo catalán" había tomado el camino de la secesión a causa de los recortes sufridos por el Estatut en las Cortes. Pero ocultaban cuidadosamente, sin embargo, lo que en verdad hizo el famoso "pueblo catalán" en el referéndum de ratificación de esa ley. Porque lo que hizo fue pasar olímpicamente del asunto. Al punto de que solo votó el 50,6% del censo; el resto de los parroquianos nos quedamos en casa. En fin, ya lo decía Pla: el caso es pasar el rato.

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