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EDITORIAL

El farol de Puigdemont

Puigdemont tiene mucho más que perder desbancando a Pedro Sánchez que permitiéndole seguir en la poltrona.

Si no se tratase de un golpista prófugo de la justicia, no le faltaría razón a Carles Puigdemont cuando reivindica su "legitimidad" para postularse como presidente de la Generalidad por mucho que la lista más votada y que ha obtenido mayor número de escaños sea la del PSC encabezada por Salvador Illa. También la lista más votada y con mayor número de escaños en las pasadas elecciones generales fue, ciertamente, la del PP y, sin embargo, es Pedro Sánchez, y no Alberto Nuñez Feijóo, quien preside el gobierno de España.

Hay, sin embargo, una diferencia crucial en ambos casos: y es que, mientras Sánchez no necesitaba la complicidad del PP, ya fuera mediante la abstención, ya fuera con su voto afirmativo, para arrebatar la presidencia a Nuñez Feijóo, Puigdemont sí necesitaría inexorablemente la complicidad del PSC, aun en forma de abstención, para arrebatar la presidencia a Salvador Illa. Y es que, dando por hecho el voto negativo del PP y Vox a la investidura del golpista, la única forma que tendría Puigdemont para salir investido presidente sería con la abstención del partido de Illa. Tanto en la primera votación, donde el candidato necesita mayoría absoluta (68 síes), como en la segunda votación, donde se requiere mayoría simple (más síes que noes), el voto negativo del PSC, PP y Vox (que suman 68 escaños) haría imposible la investidura del candidato de JxCat.

Bien es cierto que Puigdemont ha acompañado su intención de presentarse a la investidura amenazando veladamente a Pedro Sánchez con "dejarlo caer" si los socialistas catalanes, claros vencedores de estas elecciones, no se inmolan en favor de la candidatura del separatista. Ahora bien, aun cuando Sánchez no tenga límites con tal de mantenerse en la poltrona, es extremadamente dudoso que un partido con la "autonomia" del PSC respecto de Ferraz vaya hacerse el harakiri en favor de Puigdemont al dictado de Sánchez. Por otra parte, más increíble aún sería que el partido de Puigdemont cumpliera su amenaza: y es que, para que Sánchez pierda la presidencia del gobierno de España, la expresión "dejarlo caer" carece de sentido. A Sánchez sólo se le puede desbancar de forma activa, con una moción de censura en la que los golpistas de JxCat tendrían que sumarse a Vox y al PP para que dicha moción de censura prosperase. ¿De verdad alguien se cree que los de Puigdemont llegarían a estos extremos, más aún si tenemos en cuenta que la Ley de amnistía todavía esta lejos de estar publicada en el BOE, y que, en cuanto lo esté, brotarán como setas las cuestiones prejudiciales planteadas por los tribunales españoles ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea?

No. Decididamente, Puigdemont tiene mucho más que perder desbancando a Pedro Sánchez que permitiéndole seguir en la poltrona. Con ello no queremos decir que no se pudiera "vengar" retirándole puntualmente el apoyo para algunas leyes o los futuros presupuestos, pero eso es una cosa y otra desbancarlo de forma activa con el apoyo del PP y Vox.

De ahí, la relativa tranquilidad con la que Moncloa parece hacer caso omiso a las amenazas de Puigdemont, fantaseando con Illa al frente de la Generalidad y, sobre todo, viendo a Pedro Sánchez agotando la legislatura.

Y es que, una cosa es que Illa lo tenga también muy difícil para salir investido y que no haya que descartar una repetición electoral en Cataluña, y otra muy distinta que no vayamos a tener a Pedro Sánchez en La Moncloa hasta 2027

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