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Cristina Losada

La izquierda cuqui suma cero

Sumar es más cuqui, más afectivo y, sobre todo, menos escandaloso que sus competidores podemitas, pero eso, que conviene al socio mayor, a lo mejor a ellos los castiga.

Sumar es más cuqui, más afectivo y, sobre todo, menos escandaloso que sus competidores podemitas, pero eso, que conviene al socio mayor, a lo mejor a ellos los castiga.
GIJÓN (ASTURIAS) 04/06/2024.- -La vicepresidenta segunda y líder de Sumar, Yolanda Díaz, y el eurodiputado de IU y candidato Manu Pineda en el acto de campaña electoral de la formación celebrado este martes en Gijón. EFE/Juan González. | EFE

Al anunciar que dejaba su cargo en Sumar, Yolanda Díaz dijo que los votantes nunca se equivocan. Entre los que no se han equivocado están los suyos. En las elecciones gallegas, la abandonaron y se pasaron al BNG. En las vascas, a Bildu. En las catalanes no mostraron entusiasmo. En las europeas, muchos se fueron a Podemos. Votantes incondicionales no parece que sean. Son volátiles y son volubles. No es imposible que algunos se pasaran al PSOE en las europeas, pero si fue así, poco o nada se nota: bajan tanto los socialistas como los sumandos. Sería un trasvase mínimo. Como es lógico. La extrema izquierda sólo se tapa la nariz para votar a un partido que desprecia, como el Socialista, en caso de extrema necesidad.

Sumar fue una coalición oportunista, una tabla de salvación en plena crisis terminal de Podemos, un coche escoba para recoger el voto más izquierdista que quedaba tirado y dárselo al PSOE, negociando un precio. Fue un espejismo que funcionó en el estreno y en las condiciones excepcionales del 23J. Pero, como toda ilusión óptica, se ha ido desvaneciendo. La mala racha de Sumar se atribuye a que se lo come el izquierdismo infantil y tornadizo de Sánchez, pero lo que acaba con Sumar no es la mascarada socialista, destinada, como otras anteriores, a sacar del letargo a sus votantes más radicales recordándoles: ¡eh, que somos de izquierdas!

Lo que perjudica más a Sumar, aparte de sus cabecillas, es la mascarada de formar parte del Gobierno y no tener otra cosa que hacer que descolonizar museos, quitar premios de tauromaquia y llamar a Israel genocida. Ya no tienen Igualdad para hacer desde allí campañas contra la gordofobia y por la diversidad sexual. O leyes que dejen a agresores sexuales en la calle. Sumar es más cuqui, más afectivo y, sobre todo, menos escandaloso que sus competidores podemitas, pero eso, que conviene al socio mayor, a lo mejor a ellos los castiga. Como puede que los castigue estar en un Gobierno donde afloran casos de corrupción y nepotismo, aunque es dudoso: la corrupción que escandaliza es sólo la del adversario y enemigo.

La crisis de Sumar es la secuela de la crisis de Podemos, que se cerró en falso con un cambio de marca. Aunque todo aquí va en falso, hasta la dimisión de la líder. Si Sánchez pudo hacer como que dimitía y no dimitir, por qué no va a poder hacerlo Yolanda Díaz. El hundimiento de Sumar es otro problema para los socialistas, porque tal como están saliendo las urnas, entre los dos se van acercando a la errada definición de suma cero que dio el ínclito Errejón hace años: todos pierden. De ahí que el presidente del Gobierno esté ansioso por dividir más y más el campo contrario antes de convocar las siguientes.

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