Vox fracasará en Castilla y León
Sí, se parecen mucho en todo, pero son políticamente diferentes; tan diferentes que Vox triunfó en una y fracasará en la otra. ¿Por qué? Por el tamaño.
Vox constituye ahora mismo una fuerza electoral imparable contra cuyo ascenso constante no hay nada efectivo que podamos hacer sus detractores. La política es así. Cuando un partido acierta a identificarse con el estado de ánimo dominante entre el segmento más dinámico de la población, resulta imposible frenar su carrera. Es lo mismo que ocurrió en su día con Podemos y, algo más tarde, con Ciudadanos. Nada muy raro si, más allá de las obvias diferencias que los separaban, se repara en lo que los tres partidos poseían en común, a saber: tanto Podemos como Ciudadanos y Vox nacieron a la vida política como cauces de representación para una población joven y sobradamente preparada (los tres agruparían al mayor porcentaje de universitarios entre sus respectivos electorados) que, sin embargo, no consigue reproducir la existencia de clase media que lograron alcanzar sus padres.
Porque la cesura más profunda que existe en la sociología política española no remite a la clásica disputa de siempre entre izquierda y derecha, progres contra fachas, sino al divorcio tácito entre los jóvenes sin demasiado futuro, que ahora constituyen la mayoría, y el resto de la población. Dicho todo lo cual, me ratificó en el título de la columna: Vox fracasará en Castilla y León. A diferencia de Aragón, un lugar con muchos inmigrantes y una gran capital moderna, Castilla y León se parece bastante a Extremadura, demarcación donde Vox triunfó. Censos envejecidos, economías familiares muy vinculadas a las pensiones de los abuelos, despoblación creciente, alto consumo de servicios públicos estatales como sanidad o dependencia…
Sí, se parecen mucho en todo, pero son políticamente diferentes; tan diferentes que Vox triunfó en una y fracasará en la otra. ¿Por qué? Por el tamaño. Castilla y León es enorme, mientras que Extremadura no. Y a Vox, recuerden, le votan los jóvenes; jóvenes que en Extremadura se concentran en sólo dos provincias, mientras que en el otro caso se diseminan en nueve circunscripciones. Y eso, la dispersión espacial del voto joven, será la clave del resultado; o sea, del inopinado regreso victorioso de la "vieja política".
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