
No me cabe la menor duda de que muchos de los que piden el retorno a España de Juan Carlos I lo hacen con la mejor voluntad, teniendo presente que es un personaje clave de la historia reciente de España y que, con sus bastantes más y sus muchos menos, es de justicia reivindicar su legado, que básicamente es la transición que hicimos y la democracia que disfrutamos.
Dicho sea lo anterior, tampoco tengo dudas de que otros no están en la operación de reivindicar a Juan Carlos I en lo mucho de reivindicable que hay en su reinado, sino que pretenden minar la posición del que es, conviene recordarlo, el único Rey de España: Felipe VI. De este segundo grupo los habrá que lo hagan por un cortesanismo muy mal entendido, porque esperen sacar algo del emérito o, los más, por socavar la institución monárquica, que es el resultado final de tener a Juan Carlos I zascandileando por aquí, nos guste o no.
Y miren, yo no soy un monárquico de esos por convencimiento, no creo que haya un derecho divino a que determinadas personas o familias porten una corona, soy monárquico porque pienso que es una institución útil, que puede tener problemas, claro, pero que en conjunto suele ser positiva para las naciones que tienen esa tradición. De hecho, si repasamos la lista de las monarquías mundiales encontramos en ella no pocos de los países más avanzados del mundo en todos los sentidos: Reino Unido, Dinamarca, Noruega, Holanda, Suecia… No, no me digan ahora que muchas de esas monarquías tienen serios problemas, ya lo sé, pero eso no quiere decir que su historia no demuestre que la institución monárquica ha sido una de las claves que les ha llevado a ese desarrollo envidiable.
Por otro lado, mirando menos al pasado y más al presente, si les parece que con nuestra clase política podemos permitirnos eliminar un factor de estabilidad y de institucionalidad no partidista es que viven ustedes en una España imaginaria o que quieren vivir en otra España todavía mucho peor que la actual. En resumen, que creo que preservar la institución de la Monarquía es mucho más importante que darle gustito en sus últimos días a Juan Carlos I o, incluso, que ser justos con él.
Volviendo al tema concreto que nos ocupa, como decía antes Rey sólo hay uno y sólo puede haber uno, por eso la institución monárquica se basa en la sustitución por fallecimiento. La abdicación es una posibilidad, sí, pero basta mirar la historia para ver que, más allá de casos concretos fruto de una situación excepcional –la renuncia de Carlos IV y Fernando VII empujados por Napoleón, el ahí os quedáis de Amadeo de Saboya o la espantada de Alfonso XIII–, abdicar es algo poco habitual: antes de Juan Carlos I sólo habían renunciado al trono voluntariamente Felipe V y Carlos I. El primero de los borbones, además, tuvo que volver poco meses después, al morir su hijo Luis I, y reinó durante otros 22 años.
Carlos I es un ejemplo más pertinente: tras del complejo proceso de abdicación se marchó al monasterio de Yuste, a vivir lo que le quedaba de vida, que no fue mucho, lejos de la Corte y del poder, porque sólo puede haber un Rey y entonces ya era Felipe II. Es lo que hay que hacer: no puede haber un Rey reinando y otro enredando de un acto público a un sarao privado, creando confusión, alimentando camarillas y socavando la institución. A mí me parece muy bien que Juan Carlos vuelva a España si lo desea, pero si lo hace que se marche a Yuste, a un chalet en la sierra o una finca de Babia y que se quede allí quietecito. Dicho de otro modo: que se quite de en medio y deje a su hijo reinar en paz, que además lo hace muy bien.
