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La vida de Brian Ábalos

Por mucho que extodopoderoso José Luis Ábalos nos intente convencer de que todo es una casualidad, todo apunta a que será ungido como mártir.

Imagino que conocerán ustedes La vida de Brian. Aquella película de cerca de los ochenta en la que se nos muestra a Brian. Un tipo bonachón que nace en el pesebre de al lado de nada más y nada menos que Jesucristo. Este simple hecho, nacer al lado del Mesías, le lleva a un sinfín de casualidades alocadas que hacen que la peña, aunque en aquel momento no se usase ese término, le tenga como el Salvador. Lo siguen a todos lados y, claro, en consonancia con lo que hacemos en estos lares con los mesías, pues acabaron crucificándolo. Algo así está pasando en el Supremo. Las defensas intentan convencernos –más bien no a nosotros, sino a los magistrados– de que hay mil casualidades que señalan a sus clientes justo en los momentos menos fortuitos. Que todo es una maquinación o un albur divino del que tiene bastante poca suerte.

Todo entre el morbo y los titulares jocosos. Porque ayer –de una ex y tiramos porque nos tocan, ¿se acuerdan?— vino a decirnos Patricia Úriz, la expareja de Koldo, que, de los 24.000 euros en efectivo que la UCO encontró escondidos en el armero del aizcolari, 11.000 eran para gastos varios de la familia y 13.000 los había ahorrado ella. Koldo ni si quiera sabía que andaban por allí. Dice. Claro. Y lo dice a preguntas de su abogada, Leticia de la Hoz, porque lo de responder a las otras partes mejor no, vaya a ser que… se quede sin aire. Dijo, también ella, que recogía sobres en Ferraz para Ábalos y Koldo. Yo voy a probar a acercarme un día de estos. No se reconoció en los mensaje de "lechugas", "soles" o "chistorras" pero sí en los que se refería a Carolina Perles como "puta uno". Toma ya. "Estoy muy arrepentida". Podría ser peor, hija, podría haber sido la "puta dos". Koldo no sabía donde meterse y José Luis no quería ni mirarlo.

Pero hoy, del morbo a lo importante. A las casualidades importantes, quiero decir. A conocer si es que esta gente, mientras usted o yo no podíamos ir a ver a un familiar de otra comunidad autonóma, estábamos en confinamiento o en el entierro de un ser querido; se estaba embolsando pasta por un tubo por contratar mascarillas con la empresa de los amiguetes. Mascarillas que hicieron obligatorias. Eso sí que es un negocio. El exsubsecretario de Estado de Transportes: "El 19 de marzo de 2020, el ministro me llama a su despacho y me encarga que llevemos a cabo una compra de mascarillas". Al poco, precisó también José Manuel Gómez, "Koldo vino a mi despacho –de despacho a despacho, ya saben— con una oferta de Soluciones de Gestión". En fin, una inocente coincidencia.

Como también lo sería que Puertos del Estado, empresa dependiente de Transportes, encargada finalmente de comprar las mascarillas, realizara un primer pedido de cuatro millones de mascarillas que, de golpe y porrazo se convirtieron en ocho. "Koldo me dijo que tenían que ser ocho millones de mascarillas, porque eran ocho millones o nada; entendí que era la orden final del ministro". Por lo que sea. "El ministro me encargó que hiciéramos una segunda compra". No habían ni llegado las primeras. Vaya hombre. Y esta vez desde Adif. Y, no se lo van a creer a quién contrató Adif. Michaux Miranda Paniagua, exjefe de personal y contratación de Adif: "Había empresas con un precio inferior, pero no teníamos referencias de ellas". De esta, claro, sí que tenían. Porque, según ha dicho convenientemente, ya la había contratado Interior. "El comité nos felicitó por tramitar la contratación –a Soluciones de Gestión–". ¡Anda! ¡Enhorabuena!

A fin de cuentas, por mucho que extodopoderoso José Luis Ábalos nos intente convencer de que todo es una casualidad, todo apunta a que será ungido como mártir en esta exquisita y macabra parodia, La vida de Brian Ábalos.

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