Libertad en Sol. En el mundo
Venezuela, la bella, gritó libertad. Sólo un ignorante, un perverso ideólogo del totalitarismo comunista, se atreverá a matar la poesía que trae al mundo Venezuela.
He escuchado por la radio a un periodista honesto (sic). Decía que se había emocionado siguiendo las intervenciones de María Corina Machado. Lo sucedido en Sol le removió el corazón. El grito de libertad de los allí concentrados llegaba a sus entrañas. Estaba emocionado. Traspuesto. Intentaba explicar su sentimiento combinando concepciones míticas, a la vista de todos, con palabras de sabiduría y ciencia. No lograba, sin embargo, dar con la tecla exacta para informar a sus oyentes de todo lo que allí sucedió. Normal. Es la desventaja del periodismo con respecto a la poesía. ¿A quién no le hubiera gustado ser poeta, imitar a Homero, para recoger lo mejor de la gente reunida en la Puerta del Sol para recibir a María Corina Machado, la mujer liberada por Donald Trump de las garras de la tiranía comunista? ¿Quién no renunciaría a un poco de su pobre salario a cambio de recoger con amenidad lo que se hallaba disperso en los labios de los miles de venezolanos reunidos en la Puerta del Sol? ¿Quién no entregaría un diezmo porque alguien le enseñara a guiar los corazones por la cuerda suave del gusto por lo bello? Venezuela, la bella, estaba en la Puerta del Sol a la vista de todos. El mundo entero la disfrutó con todos los sentidos.
Venezuela, la bella, gritó libertad. Sólo un ignorante, un perverso ideólogo del totalitarismo comunista, se atreverá a matar la poesía que trae al mundo Venezuela. Es tiempo de poetas. Disfrutemos de sus creaciones. Ya llegará la hora de los discursos exhortativos. Ahora es el de la vida de la libertad. De la vida. Sumérjanse en el tiempo de las paradojas. Asuman las sorpresas que les deparará la libertad. Arriésguense a salir de la órbita de lo conocido. El mundo entero mira a la Venezuela de la Puerta del Sol. No hay política interior sin la exterior. El novum de Venezuela se aclara tanto con la epifanía a EEUU como con el calvario chino-comunista. Den los venezolanos, sí, los ciudadanos libres del mundo gracias a Donald Trump. Desconfíen, repito, de los discursos que no encierran nada paradójico, desprecien todo lo que no contenga alguna sorpresa y, por favor, recojan los asuntos más sutiles del mundo de las obviedades.
Venezuela trae al mundo, definitivamente, libertad. ¡Libertad o liberación! La una no es sin la otra. La libertad es supuesto y conquista. Los pueblos esclavos siempre lo serán, mientras que los libres siempre conquistarán más y más libertades. La tiranía comunista expulsó a millones de venezolanos de su país y Donald Trump les ha devuelto la esperanza, la auténtica, la que ha sido rescatada de la fatalidad: la libertad. Nadie pregunte qué pasará en Venezuela. Lo importante sucedió. La libertad es, definitivamente, un supuesto para conquistar más y más libertades, sí, hasta convertir a María Corina Machado en presidente de la Bella Venezuela. Y aquí en España, en la tierra de la tiranía sanchista, los españoles de bien, los ciudadanos más desarrollados desde el punto de vista moral y político, miran con entusiasmo la negación de Machado a reunirse con el tirano. Su negativa es poética: "Los hechos, la cumbre bochornosa de los dictadores en Barcelona, confirman mi renuncia a hablar con el presidente del Gobierno de España".
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