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Una sociedad criminal

Mientras que AMLO, presidente de la sociedad más criminal del mundo, no levante una estatua, como quería Octavio Paz, al fundador de México, nada de lo que diga es creíble.

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Bandera de Mexico | Pixabay/CC/mediosaudiovisuales

¿Qué es México? La sociedad más violenta del mundo. Eso es lo que dicen las estadísticas y los estudios de violencia de la ONU. Datos que están validados por otros muchos institutos de prestigio que estudian la violencia criminal en nuestro planeta. Nada importante sucede en México que no pase por el crimen. ¿Qué es México? Crimen, crimen y crimen. Todo en México está dominado por el crimen a pequeña, mediana y gran escala. Se diría que México es el paradigma de la sociedad criminal más perfecta de nuestra época. México ha dejado de ser la dictadura perfecta para presentarse como el modelo más desarrollado de una comunidad criminal. Los crímenes forman parte de lo cotidiano. México es crimen. Sí, sobrevivir al crimen es el principal objetivo de la población. Cualquier cosa sirve para soportar ese infierno, pero el autoengaño es el vicio sobresaliente de los mexicanos para arrastrarse por ese lodazal de horror. México es un infierno de crímenes y autoengaño.

López Obrador, el presidente de ese país fallido, es el principal destilado de ese infierno. Sin embargo, él, el jefe de esa monstruosidad, no se autoengaña, sino que trata de ocultar por todos medios que él es el principal responsable de ese infierno. Él no hace nada para atajar la muerte de miles y miles de inocentes. Nunca hizo nada por atajar el crimen y nunca lo hará. Sospecho que con él aún morirán más y más seres humanos (el número de periodistas asesinados, por poner solo un ejemplo, durante su primer mes en la presidencia ha batido todos los récords). AMLO trata de ocultar lo evidente, siguiendo la tradición nacionalista mexicana, culpabilizando de los males del México de hoy al bueno de Hernán Cortés, el hombre político más grande del Renacimiento español, del Renacimiento, por llevar a cabo la hazaña civilizadora que iniciará en Grecia el discípulo de Aristóteles, Alejando Magno.

Mientras que AMLO, presidente de la sociedad más criminal del mundo, no levante una estatua, como quería Octavio Paz, al fundador de México, nada de lo que diga es creíble. No lo hará, naturalmente, porque él, como otros muchos que le precedieron en el poder, ha llegado a la presidencia a través de la mentira y la ocultación de la genuina historia. No merecería la pena gastar un minuto de nuestro tiempo en contestar al jefe de la maquinaria criminal más perfecta de nuestra época. Pero el problema es que este individuo no está solo. Está respaldado por una larga tradición ideológica de engaños y embustes que han convertido a México en una sociedad criminal. Sí, sí, del crimen de hoy también son responsables ciento de intelectuales mexicanos. Todos ellos mintieron sobre la figura de Hernán Cortés. ¿Quién no ha mentido en México sobre el origen de este país? Da hasta vergüenza ajena plantear la cuestión. Ciento de intelectuales han practicado el crimen de guante blanco al mentir, o peor, negar el virreinato de Nueva España, seguramente el país más vertebrado social, económica y políticamente de América antes de la llamada Guerra de la Independencia, que no fueron sino guerras civiles entre españoles.

Ciento de intelectuales al servicio del nacionalismo horrible mexicano nos hicieron y nos siguen haciendo perder el tiempo, principal activo de nuestras vidas. Esos intelectuales son también culpables de haber llevado a esta sociedad al crimen. Sí, sí y sí son los intelectuales nacionalistas responsables de haber hecho de México un sinónimo de crimen. La lista de esos intelectuales sería muy larga, pero recordemos solo un nombre para hablar sobre esa cruel mentira contra Corté. Me orienta en mi listado el grandioso trabajo de Natalia K. Denisova Los cronistas de Indias en el pensamiento español (Fundación Universitaria Española), quien ha visto con perspicacia cómo la profesora Eulalia Guzmán, en 1958, hizo una edición de las cartas de Cortés que aún produce bochorno hasta el título que les dio: Relaciones de Hernán Cortés a Carlos V sobre la invasión de Anáhuac. La edición de la profesora Guzmán es la muestra más diáfana de la propagación del nacionalismo mexicano de los años cuarenta y cincuenta en la vida social y los trabajos académicos. Los dos extensos tomos tienen por objetivo desmentir lo dicho por Cortés y reducir los hechos de la conquista de los aztecas a una mera secuencia de crueldades. El español aparece como un sifilítico y afectado por un trastorno mental. Esta visión parece ser copiada de las imágenes pictóricas creadas en aquella época por pintores como Orozco y Diego Rivera, que fueron propagadas en aquellas décadas por las instituciones de todo el país. Ejemplo máximo de esa corriente ideológicas son las pinturas del Palacio Nacional…

En fin, el presidente de México no está sólo en sus opiniones, sino que está avalado por una larga y lamentable tradición que ha hecho de la vieja Nueva España el país más violento del mundo.

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