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Iceta y Torra, dos caras de la misma moneda

Siempre fueron de la mano el nacional-independentismo y el nacional-catalanismo. Y ahora, además, pactan.

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La reiterada desobediencia ante la Junta Electoral Central del presidente de la Generalidad, Quim Torra, y el guiño de Miquel Iceta, del PSC-PSOE, dando pábulo a negociar la independencia si su demanda llega al 65% de catalanes son dos caras de la misma moneda. El primero crea confianza en las propias fuerzas separatistas y el segundo excita las condiciones de posibilidad de la independencia. La cuestión es seguir con la murga. Las dos son pedagógicas, la del nacional-independentista Torra, porque afianza la autoestima en una nación oprimida a punto de alcanzar la libertad, y la del nacional-catalanista Iceta, porque alimenta un inconsciente colectivo de tales condiciones de posibilidad en la independencia. Siempre fueron de la mano el nacional-independentismo y el nacional-catalanismo. Y ahora, además, pactan.

Iceta es un político a secas, vive y vivirá de la política toda la vida, y sabe como nadie que las posiciones firmes no sirven para ese detalle. Por tanto, contemplar todos los escenarios facilita asegurarse el futuro. A personajes así no le hablen de un proyecto de Estado estable a resguardo de aventureros y ventajistas. La política para él es un medio para lograr mantenerse a flote. Si en el camino la prudencia invita a cambiar de escenarios, el diálogo lo aguanta todo, el mejor comodín para adobar cualquier incoherencia o blanquear pactos miserables. Y Miquel es el rey del diálogo.

Iceta es el mejor valedor de Pedro Sánchez, el mismo que ha intoxicado definitivamente al PSOE con eso de la nación de naciones y otras gansadas plurinacionales. Con él se completa el camino que iniciara Pascual Maragall en el 2000 dándole los votos del PSC a Rodríguez Zapatero en el Congreso, donde por sólo 9 se erigió en secretario general frente a José Bono. Aunque, a decir verdad, fue Alfonso Guerra, sin prever las consecuencias, quien inició estas relaciones peligrosas del PSOE con el PSC cuando acabó con la Federación Socialista del PSOE para crear el PSC, en plena transición a la democracia. De aquellos polvos, estos lodos. Grave error del pasado que no nos ha recordado en su magnífico libro La España en la que creo. Toda la sensatez que no tuvo entonces, la plasma ahora. A buenas horas, mangas verdes, dirán unos. Más vale tarde que nunca, sostendríamos otros.

El mejor baluarte de Pedro Sánchez, y de baile, Miquel Iceta, le ha hecho un siete a su tramposa campaña electoral metiendo el 65% por medio. Porque la campaña de Pedro Sánchez se basaba en dos axiomas: no hablar ni una palabra sobre Cataluña y repartir dinero del Estado que no es suyo, en plan Evita Perón. Mayor populismo, imposible.

Es indignante, el político que más ha contado con el independentismo para llegar a la Moncloa, ahora lo oculta para no perder las elecciones. Si tan aconsejable es el diálogo con secesionistas y filoetarras, ¿no sería ahora el momento de contrastar esa doctrina con los electores? ¿O, como los trileros, nos saca y nos mete la bolita para sacarnos los votos ahora y echarlos a la basura después?

Coda: conociendo la bisutería que gasta Miquel Iceta, no sería extraño que lo que parecen haber sido unas declaraciones desafortunadas sean a la postre el acicate que necesita su campaña en Cataluña para sacar el mejor resultado del PSOE en toda España. Entre sinvergüenzas anda el juego. He aquí dos personajes a quienes una persona sensata jamás fiaría su negocio, o su pareja. La cuestión es saber por qué una parte importante del electorado sí lo hace.

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