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Política e ideología en la escuela

No es cuestión de sacar la política de las escuelas, sino la ideología partidista.

Antonio Robles
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"Hay que sacar la política de las aulas", oímos decir insistentemente estos últimos días. Puedo comprenderlo, la declaración de independencia de Cataluña ha dejado al descubierto el adoctrinamiento escolar llevado a cabo, de forma enmascarada, desde que Pujol llegó a la presidencia de la Generalidad, en 1980. Aunque casi nadie ha querido ver ni escuchar, y menos evitar. De hecho, ya hay denuncias del abuso, y los jueces han admitido a trámite la primera causa contra ocho profesores de un colegio de Seo de Urgel. Bienvenido sea, el final de la impunidad. Pero no es el adoctrinamiento sino el atolondramiento conceptual ante el problema lo que quiero remarcar hoy.

No es cuestión de sacar la política de las escuelas, sino la ideología partidista. De hecho, si los adolescentes y la sociedad en general tuvieran claros los conceptos básicos de lo que es un Estado democrático de Derecho, jamás tendrían la menor oportunidad farsantes como Puigdemont, que han vendido, en nombre de la democracia, lo que es un asalto al Estado de Derecho. Se aprovechan de la ignorancia inducida y del abuso doctrinal, que un ejército de maestros gestionan en recintos escolares convertidos en madrazas del catalanismo.

Si realmente se impartiesen los conceptos básicos de la política y se defendiesen los fundamentos democráticos de los Estados de Derecho, nadie soportaría la farsa antidemocrática de estos pederastas ideológicos. Son tan ridículos… ¿Cómo se puede decir sin morirse de vergüenza que el mandato popular no tiene límites? Puigdemont, ayer en Bruselas: "La democracia consiste en aceptar la voluntad de la mayoría… ¿si o no? Eso no puede tener límites". Y el tarugo se queda tan ancho.

Debería saber este engolado Rey Sol que los Estados de Derecho fueron la respuesta de la civilización al absolutismo real en el Antiguo Régimen, para evitar que el rey pudiera hacer lo que quisiera, es decir, para evitar el abuso. De ahí salieron los Estados de Derecho, de la necesidad de poner límites legales al poder. Nadie en un Estado democrático de Derecho puede hacer lo que quiera, y mucho menos cargarse los pilares constitucionales sobre los que se sostiene aquél. Como hicieron el 6 y el 7 de septiembre él y la banda de golpistas de su exgobierno aprobando leyes que sobrepasaban los límites de las competencias cedidas por el Estado a la Generalidad de Cataluña, y legitimadas por la Constitución. ¿No es ridículo tener que explicar semejante obviedad? Carlos Alsina, en Onda Cero, lo convierte hoy en pedagógico.

La precipitación nos hace confundir la política con la ideología. Por ejemplo, ayer, en medio del fracaso de la huelga general en Cataluña, el portavoz del sindicato independentista de enseñanza, Rafael Font, declaró ante miles de profesores: "No renunciaremos a hablar de política en las aulas porque es nuestra función, es nuestro trabajo, debemos enseñar cuáles son nuestros derechos y defenderlos".

Es evidente que este activista del independentismo confunde la política con su ideología. Un error de libro. Se le entiende todo cuando añade: "No haremos clases en castellano, no nos podrán obligar". Él no hace política, la viola; él no enseña, adoctrina.

¿Quién es un sindicalista para secuestrar el conocimiento y, de paso, la libertad de pensamiento de nuestros hijos? ¿Quién es él paraimpedir el derecho a estudiar en la lengua de más de la mitad de la población de Cataluña?

El retorno de la Filosofía y de la Educación para la Ciudadanía se ha vuelto imprescindible para devolver a nuestros alumnos la posibilidad de pensar por sí mismos. Y para defenderse de personajes como Carmen Forcadell, que ha declarado ante el Supremo: "La declaración de independencia solo fue simbólica". Pues hala, ahora vas y se lo cascas a los adolescentes que habéis emponzoñado el alma de odio a España y enamorado con la República catalana.

PS. El problema no está en la política, sino en quien la ejerce para pervertirla. Hoy, en Cataluña, los maestros son un ejército de almas. He ahí el problema, el peor problema.

El formulario de SCC lanzado para denunciar los casos de adoctrinamiento está siendo boicoteado. Y en el Congreso el PSC/PSOE y el resto de la izquierda apoyan la inmersión. Primos hermanos.

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