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Carmelo Jordá

Burros del todo

Teniendo en cuenta el pésimo nivel del profesorado, como les pidamos que de verdad enseñen algo a los niños igual los pobres tienen que ponerse a trabajar.

Carmelo Jordá
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España lleva décadas sufriendo una educación cuya tesis esencial no es la transmisión de conocimientos, sino algo así como enseñar a aprender. La idea es difusa, pero trato de explicársela: que el profesor sea alguien más sabio que el alumno y trate de transmitir algo de su saber a los niños y jóvenes es un concepto claramente fascista y neoliberal para las lumbreras de la didáctica que han creado ley educativa tras ley educativa, así que todo es una especie de aventura del aprendizaje en la que profesores y alumnos, juntos y en algo así como una excursión de las hermanas ursulinas, van cumpliendo los objetivos pedagógicos.

El desprecio a los conocimientos, a los saberes, a los datos y a herramientas mentales como la memoria ha sido una constante; lo importante no es memorizar –otro concepto carca- sino aprender y, si me apuran, aprehender, que viene a ser lo mismo pero queda mucho más bonito en una memoria educativa o en cualquier documento ministerial.

El resultado de tan brillante planteamiento debía cristalizar en dos sentidos: por un lado el alumno, liberado de penosas tareas como memorizar, se convertiría en una máquina de saber hiperestimulada y en constante descubrimiento de ámbitos del conocimiento con los que relacionarse de forma interactiva, o asín. Por el otro, una vez apartados de las aulas tediosos asuntos como la historia o la gramática –sí, ambas muy fachorras–, un torrente de saberes del día a día bañaría al niño, que no sabría la lista de los reyes godos, pero sería una lumbrera en esa bazofia que han dado en llamar Conocimiento del Medio.

La realidad, sin embargo, ha sido ligeramente distinta: ayunos de datos que aprender, los jóvenes españoles no sólo no saben quién fue el manco de Lepanto, sino que están netamente por debajo de la media en resolución de problemas prácticos como la lectura de mapas, el manejo de una aspiradora o, pásmense, el uso de un reproductor mp3. Dicho de una forma llana y clara: son burros, pero burros del todo, PISA dixit.

Por supuesto, la solución que apunta el ministerio es profundizar en lo que nos ha llevado a este fulgurante éxito, no sea cosa que nos llamen fachas o que nos acusen de que pretendemos que los niños, que llevan lustros sin memorizar nada, aprendan algo de memoria. ¡Eso jamás!

Claro que teniendo en cuenta el pésimo nivel de un porcentaje altísimo de profesores, como pidamos a éstos que de verdad enseñen algo a los niños igual los pobres tienen que ponerse a trabajar o, peor aún, a estudiar.

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