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El acto del Euskalduna

Será siempre mucho mejor sentarse a hablar entre personas que defienden la libertad que con quienes todavía no han condenado el terrorismo de ETA

Cayetano González
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Cayetano González

Quince años después del emotivo acto en el Kursaal de San Sebastián en el que el filósofo Fernando Savater juntó las manos de los candidatos a lehendakari del PP y del PSE, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros, queriendo con ello simbolizar la unión de las fuerzas constitucionalistas contra el nacionalismo obligatorio, representado por el PNV, y contra la dictadura y el terrorismo de ETA, algo no exactamente igual en cuanto a su entidad pero sí en cuanto a su simbolismo ha tenido lugar este lunes en el Palacio Euskalduna de Bilbao. En un acto organizado por Ciudadanos y bajo el título "Los retos de los constitucionalistas en España", Savater ha unido su voz a la del líder del partido naranja, Albert Rivera, y a la del exeurodiputado de UPyD, y catedrático de Derecho Constitucional, Francisco Sosa Wagner.

Transcurridos quince años desde el acto del Kursaal, el constitucionalismo vive sus horas más bajas en el País Vasco. Si en las elecciones autonómicas de mayo de 2001 Jaime Mayor consiguió 19 escaños para el PP y Nicolás Redondo 13 para el PSE, las previsiones electorales de cara a este domingo otorgan a los socialistas 8-9 escaños y a los populares 6-8. Si a esto se añade que tanto la marca actual de ETA, Bildu, como Podemos van a quedar muy por encima de PP y PSE –en torno a 15-17 escaños cada uno– se entenderá el porqué de la afirmación de las horas bajas por las que atraviesa el constitucionalismo en Euskadi.

Aunque el contexto del acto del Kursaaal y los protagonistas sean muy diferentes a los del Euskalduna –hace quince años, el PP y el PSE, Jaime Mayor y Nicolás Redondo, plantaron por primera vez cara al nacionalismo y se quedaron sólo a 27.000 votos de ganar–, el acto de este lunes en Bilbao no deja de tener un simbolismo importante: el de la defensa de los valores constitucionales en una parte de España donde esa tarea sigue siendo muy necesaria, mucho más ante la debilidad del PP y del PSE.

No es que Ciudadanos tenga unas grandes expectativas electorales: en el mejor de los casos, las encuestas le dan un escaño por Álava, el mismo que en las últimas dos legislaturas tuvo UPyD. Por cierto, se entienden mal las críticas desabridas de la fundadora del partido magenta, Rosa Díez, al acto del Euskalduna y a la presencia en él de quienes califica como "traidores", porque estoy seguro de que Rosa Díez sigue pensando en este terreno lo mismo de siempre: la necesidad imperiosa de defender en el País Vasco la libertad y la Constitución. Si ahora ya no está UPyD para hacer esa tarea, ¿por qué le molesta tanto que otros lo hagan?

Será siempre mucho mejor sentarse a hablar entre personas que defienden la libertad, la democracia, el marco constitucional en el País Vasco, que con quienes todavía no han condenado el terrorismo de ETA ni han pedido a la banda terrorista que se disuelva y entregue las armas. Porque eso es lo que sucedió la pasada semana cuando el candidato del PP, Alfonso Alonso, compartió mesa con la candidata de Bildu por Álava, Miren Larrión, y con la de Podemos, Pilar Zabala, que sí es víctima del terrorismo; más exactamente, del terrorismo de Estado que montó en la década de los 80 el partido que también estaba en esa mesa, el PSOE, representada por su candidata, Idoia Mendía.

Porque, en ese intento de pasar página, de construir un relato falso de la tragedia que el terrorismo de ETA ha causado a toda la sociedad, hay cosas que ni el PP ni el PSE deberían hacer. Por eso, bienvenidos sean actos como el de Ciudadanos este lunes en Bilbao.

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