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El PP de Rajoy expulsa al PP de Aznar

El PP de Rajoy no soporta al PP de Aznar, de ahí la larga lista de cadáveres que el actual líder popular acumula en su armario.

Cayetano González
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La exclusión de José María Aznar, que en la sigue siendo presidente de honor del PP, de los actos de la campaña que su partido llevará a cabo con motivo de las elecciones europeas del próximo 25 de mayo tiene un significado político mucho mayor de lo que puede suponer la ruptura personal y política de dos personas, Aznar y Rajoy, ya que esto era algo sabido desde hace tiempo.

Se está ante algo más que una cuestión de personas. Se está ante la constatación de que hay dos proyectos en el PP: el que encarnan Rajoy y su guardia de corps (Sáenz de Santamaría, Cospedal, García Margallo, Fernández Díaz, entre otros) y el que pueden simbolizar Aznar y gentes como Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja y… pocos más de entre los que permanecen en el partido. El primero es el que ahora manda absolutamente, por el férreo control que ejerce el aparato y la sumisión total al jefe, y el segundo no tiene ninguna influencia orgánica pero sin embargo conecta más con la base electoral.

Por lo tanto, esto no se arregla con que Esperanza Aguirre, como presidenta del PP de Madrid, organice un mitin en al que invite a Aznar. Eso está muy bien para, si se me permite la expresión, tocar las narices a la actual dirección del PP, pero el problema es de mucho mayor calado y la primera que lo sabe es la propia Aguirre, entre otras cosas porque lo está viviendo y sufriendo en sus propias carnes.

Lo cierto es que, por la vía de los hechos, el PP de Rajoy ha expulsado del partido al PP de Aznar. Dicho de otra manera: el PP de Rajoy no soporta al PP de Aznar, y por eso la larga lista de cadáveres que el actual líder popular acumula en su armario amenaza con desbordarse y necesitar un espacio aun mayor. Primero fue la limpieza que hizo Rajoy tras la segunda derrota que cosechó ante Zapatero en las elecciones de marzo de 2008, en la que Acebes y Zaplana fueron los primeros sacrificados. Después vino la marcha de María San Gil antes del Congreso de Valencia, en junio de ese mismo año, debido al cambio de política con los nacionalismos que Rajoy quería plasmar en la ponencia política, de cuya redacción aquélla iba a ser la máxima responsable. Sí se prestaron a ese juego otros dirigentes que luego han tenido su recompensa por parte del jefe: José Manuel Soria es ministro; José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura; Alicia Sánchez-Camacho es la que menos ha pillado, porque, aparte de pactar la ocultación de las grabaciones con la ex del hijo mayor de Pujol, su labor ha consistido en convertir al PP en un partido irrelevante en Cataluña.

Luego vinieron la baja como militante de un símbolo para tantos españoles en la lucha contra ETA: José Antonio Ortega Lara; la marcha del otrora poderoso "general secretario" Francisco Álvarez Cascos y la fundación de Foro Asturias; la renuncia de Jaime Mayor Oreja a volver a ser candidato del PP en las europeas y la marcha para fundar Vox de Alejo Vidal Quadras y Santiago Abascal, a los que ha acompañado en esa aventura el citado Ortega Lara.

Todo un récord del actual líder del PP, que de seguir así pasará a la historia como máximo responsable de haber conseguido un triste logro: la demolición del centroderecha que tanto costó refundar tras la hecatombe de la UCD en 1982 y el techo electoral de los 100 escaños que no conseguía sobrepasar la Alianza Popular de Fraga.

La cuestión que queda por dilucidar es saber cuántos votantes populares van a rebelarse contra este estado de cosas y seguir el mismo camino que las personalidades citadas, quedarse en casa o votar a otro partido que consideren representa mejor los valores tradicionales de ese PP que Aznar y otros dirigentes –entre ellos el propio Rajoy– refundaron a comienzos de la década de los 90 y que gobernó brillantemente España durante ocho años.

Como explicaba la pasada semana de forma clara y didáctica mi buen amigo y compañero de este espacio de opinión Emilio Campmany, la abstención en las próximas elecciones europeas, al ser circunscripción única para toda España, solo favorecería al PP. Por tanto, quien quiera castigar las políticas llevadas a cabo por Rajoy durante estos dos años y medio que lleva en La Moncloa, o la falta de voluntad del político gallego por sumar y no restar dentro de su propio partido, lo más eficaz que puede hacer es votar a otras siglas. Esto es lo que tiene la democracia: que cada cierto tiempo los electores hablan y ponen a cada uno en su sitio. La verdad es que el PP de Rajoy ha hecho y sigue haciendo méritos más que sobrados para llevarse en las próximas citas con las urnas unos buenos revolcones, independientemente de que inviten o no a Aznar a participar en la campaña electoral.

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