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Los listillos de la Moncloa

No se dan cuenta de que provocar el voto del miedo es la expresión más evidente de la falta de un proyecto político e ideológico atractivo e ilusionante.

Cayetano González
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S. S. de Santamaría | EFE

A menos de tres semanas para que se repitan las elecciones generales, las encuestas publicadas en los últimos días apuntan a que el famoso sorpasso de Podemos-IU al PSOE, no sólo en votos sino en escaños, es algo más que una posibilidad. Si eso se confirma en la noche del 26-J, el terremoto en las filas socialistas será de gran magnitud y tendrá, muy probablemente, dos consecuencias: el relevo de Pedro Sánchez en la Secretaría General y el pase del PSOE a la oposición para poder rehacerse con más tranquilidad.

En ese escenario, con Podemos-IU como fuerza más votada en la izquierda, el PSOE tendría muy poco margen de maniobra: apoyar a Pablo Iglesias como presidente del Gobierno sería lisa y llanamente un suicidio, por lo que no le quedaría otro remedio que permitir la investidura del candidato del PP y esperar tiempos mejores.

¿Tiene toda la culpa Sánchez de la situación en la que se encuentra el PSOE? Por supuesto que no. Hay otros dos actores en esta trama que han sido decisivos para que el partido fundado por el verdadero Pablo Iglesias se encuentre al borde del abismo. Por un lado Zapatero, que en los años que estuvo al frente del Ejecutivo hizo mucho daño no solamente a España, también a su partido. Sus reapertura de las heridas de la Guerra Civil, su negociación política con ETA, su complacencia con los independentistas catalanes hicieron del PSOE un partido irreconocible, que perdió el espacio del centro-izquierda, de la socialdemocracia, el que le hizo ganar muchas elecciones y estar en el poder durante catorce años.

Pero, aparte del nefasto Zapatero, ha habido otro actor necesario para explicar lo que puede pasar el 26-J. Y este actor no es otro que el grupo de listillos que rodean a Rajoy en la Moncloa y que están capitaneados al alimón por el asesor áulico del presidente, Pedro Arriola, y por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. Desde hace tiempo, estos listillos han trabajado con ahínco y tesón para aupar a Podemos y debilitar al PSOE. La continua presencia, desde hace tres años, de Iglesias, Errejón, Bescansa, Monedero y demás en dos cadenas de televisión –La Sexta y Cuatro– sólo se puede entender dentro de esa estrategia diabólica y suicida de intentar eliminar o reducir mucho a quien ha sido el adversario político del centroderecha desde la Transición. Pero a los listillos de la Moncloa se les ha ido la mano y ahora, según cuentan algunos, están asustados ante lo que se avecina.

Los listillos de la Moncloa, como sólo piensan en lo suyo y nada en España, es probable que estén muy satisfechos con lo que están a punto de conseguir: que el PP vuelva a ser la lista más votada y que, ante la debacle del PSOE, este partido no tenga más remedio que facilitar la investidura del candidato popular.

Estos listillos piensan, y seguramente aciertan, que en estas casi tres semanas que quedan para las elecciones el miedo a Podemos va a ir in crescendo y producirá el reagrupamiento del voto útil del centroderecha en las siglas populares. Son tan listillos que no se dan cuenta de que provocar el voto del miedo es la expresión más evidente de la falta de un proyecto político e ideológico atractivo e ilusionante. El PP puede volver a ganar las elecciones e incluso seguir en el Gobierno, pero el partido como tal está muerto y Rajoy es un cadáver. Para conseguir esa pírrica victoria se ha propiciado que una formación como Podemos se convierta en la segunda fuerza política a costa del PSOE. Enhorabuena a todos los listillos que anidan en la Moncloa, que tienen nombre y apellidos, y cuyo jefe máximo se llama Mariano Rajoy Brey.

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