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Poder o principios

¿Qué pesará más en los compromisarios del PP en el congreso extraordinario de su partido?

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Pablo Casado y Soraya S. de S.

La elección que dentro de diez días tendrán que hacer los cerca de 3.200 compromisarios que acudan al congreso extraordinario del PP será entre quien sólo quiere el poder que da la presidencia del partido para continuar haciendo lo mismo que ha hecho durante los últimos siete años desde la vicepresidencia del Gobierno y quien representa el cambio generacional y el rearme ideológico.

Soraya Sáenz de Santamaría ha dado en estas últimas semanas dos sólidos argumentos para defender su candidatura: 1) ella es la que puede ganar a Pedro Sánchez y 2) ha llegado la hora de que una mujer sea la presidenta del Gobierno. Este último argumento se comenta por sí solo: es la asunción del feminismo más rancio, el de la cuota, obviando además que el PP, en la etapa de Aznar, fue el primer partido que puso mujeres, por su valía, no por ser mujeres, en puestos institucionales muy relevantes: Luisa Fernanda Rudi, en la presidencia del Congreso; Esperanza Aguirre, en la del Senado, Loyola de Palacio, en la Unión Europea como comisaria. Pero eso a Soraya no le importa. Cuando eso sucedió, a finales de la década de los 90, ella estaba echando la instancia para trabajar con el PP, cosa que empezó a hacer como asesora del entonces ministro Rajoy.

Respecto a su capacidad para ganar a Pedro Sánchez, quizá le ha engatusado Pedro Arriola con esa posibilidad, pero, de momento, lo que está probado es que, con ella en la todopoderosa vicepresidencia del Gobierno, el PP fue desalojado hace un mes del poder por una moción de censura ganada por el líder del PSOE; y el jefe de ella está a día de hoy entre Sangenjo y el Registro de la Propiedad de Santa Pola.

Pablo Casado, por el contrario, representa algo muy distinto. Ya no es que sea el cambio generacional tan necesario en este PP, donde parece increíble que siga mangoneando tanto alguien como Javier Arenas, sino que es el primer dirigente popular que se atreve a hablar sin complejos de la defensa de la familia, el derecho a la vida, la bajada de impuestos, la unidad de la Nación o la necesidad de estar siempre al lado de las víctimas del terrorismo. Es decir, toca unos temas que habían sido abandonados por Rajoy y su gente –con Soraya en primera fila–, por lo que tantas personas han dejado de votar al PP, que en los últimos años ha pasado de 11 millones de votos a los 5 o 6 que pronostican todas las encuestas.

Los compromisarios, por tanto, tendrán que enfrentarse al dilema que supone elegir entre poder o principios. Si optan por lo primero, votarán en masa a Soraya y con eso asegurarán una continuidad de la nimiedad y de la vacuidad ideológica que han supuesto los años de Rajoy al frente del PP y del Gobierno, amén de que habrá una más que probable fractura del partido.

Si, por el contrario, optan por el cambio generacional y el rearme ideológico, votarán a Pablo Casado; en ese supuesto, el joven nuevo presidente del PP tendrá por delante una tarea hercúlea, muy difícil, pero muy necesaria: volver a recuperar esos principios, esos valores que hicieron grande a su partido, que le convirtieron en el referente del centro-derecha a comienzos de la década de los 90 y en el sustento del Gobierno de España en el 96.

Con la elaboración de las listas electorales para las europeas, municipales y autonómicas, a la vuelta del verano, donde todos querrán conservar sus cuotas de poder, la fibra moral de los compromisarios para apoyar lo mejor para su partido y para España, dejando al margen sus intereses particulares, será más necesaria que nunca.

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