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Rajoy y 'hacer política', un imposible

En la gravísima cuestión de Cataluña se echa claramente en falta una estrategia política del Gobierno, de su presidente y del partido que lo apoya.

Cayetano González
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La actitud de Rajoy, del Gobierno y del PP desde que, hace dos años, Mas, CIU y ERC dieran el pistoletazo de salida al proceso secesionista de Cataluña ha estado centrada en apelar al cumplimiento de la ley. De ahí que la única medida adoptada por el Ejecutivo haya sido la presentación de un recurso ante el Tribunal Constitucional por el que se pedía la suspensión de la ley de consultas aprobada por el Parlamento de Cataluña y del decreto de convocatoria del referéndum firmado por el presidente de la Generalitat.

Para algunos, esa posición de Rajoy y de su Gobierno no sólo ha sido la correcta, sino la única posible. Otra vez nos adentramos en el "magistral manejo de los tiempos" que los muy marianistas atribuyen siempre que pueden al inquilino de La Moncloa. Pero la cuestión es: además de "cumplir y hacer cumplir la ley", que es lo que Rajoy juró cuando tomó posesión de su cargo, ¿no sería conveniente tener una estrategia política para hacer frente a un desafío soberanista de la magnitud del planteado desde Cataluña, y al que seguirá, más temprano que tarde, el del País Vasco?

Y aquí nos topamos con una expresión maldita para el actual presidente del Gobierno: "Hacer política". Ni en los cuatro ministerios que pisó durante los Gobiernos de Aznar ni en los tres años que lleva en La Moncloa se ha conocido a Rajoy una acción importante, relevante, que deje huella, en el terreno de la política. Su estrategia es de sobra conocida: dejar hacer, confiar en que el tiempo vaya arreglando o pudriendo los problemas, no complicarse en exceso la vida, no tomar partido y, en último término, eso sí, hacer caso a lo que digan Pedro Arriola y sus encuestas. Si algo de lo anterior implica no cumplir el programa electoral con el que se presentó y ganó las elecciones de 2011, o incluso hacer lo contrario de lo que decía, eso es peccata minuta.

En la gravísima cuestión de Cataluña –aunque no sólo en ella– se echa claramente en falta una estrategia política del Gobierno, de su presidente y del partido que lo apoya. Han ido desde el principio muy por detrás de los acontecimientos. Nunca se han planteado llevar la iniciativa. Han dejado todo el terreno de juego –en las áreas mediática, cultural y social– a los nacionalistas. Por no recordar el calificativo de "dimes y diretes" con que Rajoy despachó las alarmas que todo el mundo menos él vieron encendidas a raíz de la Diada de 2012. Y mientas el nacionalismo independentista catalán tenía diseñado a la perfección su, el Gobierno de España se hartaba de seguir inyectando miles y miles de millones de euros a la Generalitat. O sacaba al ministro de Asuntos Exteriores para Cataluña, el lenguaraz García Margallo, a reconocer el éxito de la movilización independentista de la Diada o a proclamar la necesidad de buscar un nuevo encaje de Cataluña en España, para supuestamente dar satisfacción a los nacionalistas.

Ya se sabe que las únicas batallas que no se ganan son las que no se dan. El Gobierno de Rajoy puede, y esperamos que así sea, ganar la batalla jurídica, en los tribunales, e impedir con ello la celebración de un referéndum a todas luces ilegal. Pero la batalla política la ha perdido, la hemos perdido todos los que formamos parte de la Nación, por goleada.

Otra muestra de esa renuncia de Rajoy a dar la batalla política e ideológica en Cataluña es lo poco que le importa el estado comatoso en el que se encuentra el PP en esa comunidad autónoma. Las encuestas indican que los populares pueden ser la sexta fuerza política en las próximas elecciones autonómicas. ¿Es comprensible que, ante esta situación, Alicia Sánchez Camacho y quienes la rodean sigan al frente del PP de Cataluña? ¿Cuántos votos y escaños más es necesario que pierdan para que este grupo de dirigentes mediocres se vaya a su casa? ¿No tiene el PP algo mejor que presentar en Cataluña?

Y, desde luego, tras confirmar Mas y los partidarios del referéndum en estos últimos días que están dispuestos a seguir desafiando la ley, que el presidente del Gobierno no tenga otra ocurrencia que seguir ofreciendo diálogo a quienes ya no saben cómo decir que su máxima prioridad es romper con España confirma en todos los extremos que Rajoy ha renunciado a hacer un poco, aunque solo sea un poco, de política. La confrontación ideológica le resulta demasiado incómoda. ¿Por qué será?

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