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Cristina Losada

El guerracivilismo ¿de Rouco?

Para superar el pasado hay que tenerlo muy en cuenta. No recrearlo.

Cristina Losada
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Para superar el pasado hay que tenerlo muy en cuenta. No recrearlo.

Del estado de nuestra política, que no es política de Estado, da cuenta el absoluto dominio de la política declarativa. "Fulanito dice tal", "Menganito replica cual", “Zutanita ataca a Perenganito por lo que dijo”, etcétera. Así van uno tras otro los titulares, porque a una política declarativa corresponde un periodismo declarativo, y así vamos de polémica en polémica (lo llaman polémica) y de escandalito en escandalito, que da vidilla. Para mí que seguir estos dimes y diretes, que diría el otro, resulta tan aburrido como observar el vuelo de las moscas. Pero aquí estamos comentando la jugada.

Rouco habló, y al suelo que vienen los titulares: Rouco ve peligro de guerra civil; Rouco advierte del riesgo de guerra civil; Rouco evoca la guerra civil y sugiere que hay riesgo de contienda. Es una muestra representativa. Era el funeral de Adolfo Suárez y el cardenal dijo en su homilía algo muy cierto: que el presidente fallecido buscó la reconciliación en una España "que quería superar para siempre la guerra civil". Acto seguido precisó lo que se quería superar: "Los hechos y las actitudes que la causaron, y que la pueden causar". Ese tiempo verbal puso a muchos en pie de guerra, como si el cardenal hubiera anunciado una contienda civil para ya mismo.

Este año se ha citado más de una vez el último discurso de Mitterrand, y vale la pena repetir. Ante el Parlamento Europeo, el presidente de Francia evocó las dos guerras mundiales, habló de la necesidad de superar nuestra historia (la europea) y advirtió de lo que ocurriría en caso contrario:

Imperará una regla, señoras y señores, ¡el nacionalismo es la guerra! La guerra no es sólo el pasado, puede ser también nuestro futuro.

Fue en 1995. Imagino que nadie interpretó que Mitterrand oía tambores de guerra en la Unión Europea. Imagino qué dirían nuestros declarativos: ¡eh, eh, que Mitterrand dice que va a haber una guerra en Europa!

Aquello lo expuso Mitterrand cincuenta años después del fin de la II Guerra, tiempo suficiente para que aludir a los enfrentamientos que destrozaron Europa fuera a la vez balsámico y preventivo. No reabría viejas heridas, afortunadamente cerradas, pero alertaba de que la paz, la seguridad o, en términos de nuestro Suárez, la concordia no son conquistas que puedan darse por sentadas, por garantizadas, por eternas. Al contrario. Requieren de un esfuerzo constante contra instintos, tendencias, conductas, prejuicios e ideologías que las amenazan. Para superar el pasado hay que tenerlo muy en cuenta. No recrearlo.

A Rouco se le puede reprochar que no sepa en qué mundo vive, que no anticipara la recepción a sus palabras, que no fuera, en fin, más político. Ahora bien, las reacciones confirmaron que no era tontería lo que dijo. Urkullo recordó que aún hay cientos de víctimas del franquismo en las cunetas vascas. El BNG adujo que la Iglesia y el PP se niegan a condenar a los militares rebeldes que causaron la guerra. CiU acusó a Rouco de justificar el levantamiento ilegal y sedicioso de unos militares fascistas. En general, hubo un tono tan exaltado, chillón y caliente que se diría que el pasado no está superado. Mejor dicho, que aún hay partidos decididos a hacer de él arma arrojadiza. En un santiamén, sacaron el cainismo que llevan dentro.

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