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Cristina Losada

Huya el Rey del 'candelabro'

La idea de colocar al Rey aún más bajo los focos me temo que desdeña la faceta corrosiva del 'candelabro'. El 'candelabro' es muy suyo.

Cristina Losada
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La idea de colocar al Rey aún más bajo los focos me temo que desdeña la faceta corrosiva del 'candelabro'. El 'candelabro' es muy suyo.

Desde que la figura del Rey ha perdido popularidad, por las fazañas del yerno, por la caza de Dumbos y por la general desconfianza, es visible el intento de hacerle recuperar el brillo. Ese afán por mejorar su imagen se había sustanciado en que el Rey apareciera, entre sus diversas convalecencias, como un hombre activo, dinámico y ocupado. Es decir, como un hombre joven. En el último discurso de Nochebuena cambiaron el escenario tradicional, ¡qué sacrilegio!, y nos lo pusieron apoyado en el borde de la mesa de su despacho. Arreglado, pero informal. Y en su lugar de trabajo, que no se diga.

Ahora, se quiere propulsar al Rey a un nuevo protagonismo. Ahí tenemos la idea de impulsar grandes acuerdos entre el PP y el PSOE para frenar el paro. Y la noticia de que la Corona desea recobrar el papel que tuvo durante la Transición y usar unos poderes de arbitraje y moderación que nunca se ha sabido bien en qué consisten. Igual que al soldado se le supone el valor, al jefe del Estado se le supone que trabaja por resolver los problemas de España. Según parece, ya no basta con la suposición y hay que demostrar y, sobre todo, mostrar que hace su trabajo. ¡Ay!

La idea de colocar al Rey aún más bajo los focos me temo que desdeña la faceta corrosiva del candelabro. El candelabro es muy suyo. Cuando una figura está en la cresta de la ola y es querida y admirada, todo lo que haga, aunque esté mal, contará a su favor. Pero una vez que pierde la simpatía del respetable, todo cuanto haga, aunque esté bien, contará en su contra. Probablemente. Lo mejor que puede hacer el que anda en horas bajas es retirarse del primer plano, trabajarse discretamente la rehabilitación y esperar a que escampe. Nada que no sepa un líder político.

El pacto contra el paro que quiere impulsar el Rey tiene, además, un problema. Si se reduce a un apretón de manos y un folio de intenciones, será un camelo. Y si trata de lograr un acuerdo serio y eficaz, lo podemos declarar misión imposible. No hay más que ver por dónde van Gobierno y oposición. El PSOE acaba de alumbrar un plan inspirado en el Kurzarbeit de Alemania y otras medidas, que pretende financiar con dinero del rescate bancario. Como si la UE hubiera entregado a España un arcón con 100.000 millones de euros para que los gastemos como nos plazca. Quizá sea un plan de imagen del PSOE, pero no es un plan para reactivar la economía y el empleo.

La ocasión para un remake de los Pactos de La Moncloa ya pasó. Fue justo hace tres años, cuando España estuvo al borde del colapso y se hizo el primer ajuste, aquel miniajuste que finiquitó a Zapatero. Dada la situación, los buenos propósitos del Rey corren un riesgo añadido. Que se interprete que convienen más a la imagen del Rey de lo que convienen a España.

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