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La conjura secreta contra Canal Nou

Para los que claman contra el cierre de Canal Nou, las circunstancias que han provocado el cierre de 200.000 empresas en 5 años no cuentan para nada.

Cristina Losada
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La Generalidad valenciana ha decidido cerrar la televisión autonómica. La razón es el elevado coste de cumplir la sentencia que le obliga a la readmisión de más de mil empleados despedidos. Con una plantilla reducida, el Canal Nou aún podía ir tirando. Con unos gastos de personal de nuevo disparados, su mantenimiento resulta inasumible para una autonomía en graves dificultades financieras. Hasta aquí los hechos desnudos. A partir de aquí el ropaje de interpretaciones, tan estrafalario. Porque oposición, sindicatos y comentaristas varios culpan del fatal desenlace a la mala gestión, la corrupción y la manipulación política, pero todos olvidan, y vaya olvido, la influencia del acontecimiento económico más decisivo y desgraciado de los últimos años.

Ese lapsus, tan común que ya no se percibe, muestra que en la mente de muchos el sector público pertenece a otra galaxia, a un mundo tan suyo y tan feliz que permanece ajeno a las vicisitudes de la economía, milagrosamente protegido de sus borrascas. Es verdad que las teles autonómicas nunca han estado realmente en el mercado, pues la subvención es una fuente de ingresos tan fundamental que sin ella nunca habrían sido viables. Justo por eso han de notar por fuerza la caída de ingresos de las Administraciones. Por fuerza, porque estaría buena que se hicieran recortes en sanidad y no en las teles públicas. A ello hay que añadir el descenso en picado de la inversión publicitaria, que es su otra fuente de ingresos. Si la crisis se ha llevado por delante a miles de empresas de verdad, ¿cómo no va a llevarse por delante a las empresas de mentira?

Pues no, señor. Para los que claman contra el cierre de Canal Nou, las circunstancias que han provocado la desaparición de más de doscientas mil empresas españolas entre 2007 y 2012 resulta que no cuentan para nada. Vienen entonces con los errores de gestión y las historias de manipulación, que por auténticos que sean son achaques viejos y crónicos en las teles públicas. O vienen, que es lo más estrambótico de todo, con las teorías conspirativas: se gestionó mal adrede para hundir la empresa y poder cerrarla. Pero ¿no decían que la utilizaban como aparato de propaganda? Si es así, no tiene mucha lógica política cerrar una televisión que le presta un servicio tan conveniente a un Gobierno. Ahí está, como contrapunto, el caso de TV3 y otros medios controlados por la Generalidad catalana. Cuestan un ojo de la cara, pero siguen prácticamente como estaban.

Casualidades de la vida, el medio que más pábulo ha dado a la teoría de la conjura del PP contra Canal Nou es parte de una empresa que, al primer embate de la crisis, cerró una cadena televisiva e hizo un ERE en el periódico. Pero ahí, claro está, no hubo mala gestión ni conjuras de necios. Ahí fue la crisis, ella solita.

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