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Cristina Losada

La eutanasia del socialismo español en Cataluña

Lo del socialismo español en Cataluña es un caso de suicidio asistido. Asistido por el PSC.

Cristina Losada
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Lo del socialismo español en Cataluña es un caso de suicidio asistido. Asistido por el PSC.

Los que quieren que los diputados voten según su personal criterio y no sometiéndose a la disciplina de partido, ya tienen ahí a tres flamantes héroes que están opositando a mártires. Me refiero a los diputados del PSC que han votado contra la posición de su partido, uniéndose a CiU y compañía para pedir que se transfiera a Cataluña la competencia de convocar referéndums. Geli, Ventura y Elena se apellidan estos tránsfugas que dicen haber obrado al dictado de la ética y la conciencia.

"Quiero poder volver a casa y decirle a mi hijo que no le he traicionado", dijo la primera, que fue consejera de Salud. Y aún menos mal que nos ahorró ese lugar común del político que se pone a hablar con el corazón tembloroso en la mano: lo de "mirarle a los ojos". Pero Geli puede hacer mucho más para no traicionar a su hijo: marcharse del partido que decidió votar en contra de una moción que para ella era tan importante. Eso sí se acercaría a una actuación en conciencia. Dejar el acta de diputado sobre la mesa, dar un buen portazo si quiere, y siempre, siempre, irse.

Por más que lo pinten de demostración de pluralidad, que digan que el PSC "no es patrimonio de nadie" (¿ni siquiera de la humanidad?), el hecho decisivo es que Geli, Ventura y Elena son diputados porque su partido los puso en la lista. Aquí votamos las listas de los partidos, no a individuos sueltos. Hay propuestas de cambio del sistema electoral, y conste que todos tienen inconvenientes, pero con el que fueron elegidos hay poca duda de a quién le deben el escaño. Sin las siglas del PSC, esos tres rebeldes con tan mala causa no se habrían sentado en el Parlamento. Y si creen en su capacidad de arrastre personal, prueben a presentar una lista independiente.

Hará bien el PSC en expulsarlos y así meter en cintura a su sector nacionalista, o fingir al menos que lo repudia. Aunque esta súbita y quizá efímera cura de desintoxicación apenas vaya a frenar su deterioro. Sólo cosecha el PSC lo que ha sembrado, incluida la ruptura de la disciplina de voto: en febrero pasado sus diputados en Madrid se desmarcaron del PSOE para alinearse con CiU en demanda de un referéndum separatista. Pero los coqueteos de los socialistas catalanes con la autodeterminación, ahora edulcorada como derecho a decidir, han sido constantes. Y desde fecha tan temprana como 1978, cuando se ausentaron para no votar contra ella –acompañados por Miquel Roca– en el debate de la Constitución. Lo del socialismo español en Cataluña es un caso de suicidio asistido. Asistido por el PSC.

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