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Cristina Losada

La foto del cordón (sanitario)

Cuanto más muestra el PP que le afecta la presión de esta obra de propaganda política, más se condena a sufrirla.

Cristina Losada
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Cuanto más muestra el PP que le afecta la presión de esta obra de propaganda política, más se condena a sufrirla.
Santiago Abascal y Pablo Casado, en una imagen de archivo. | EFE

La foto de Colón no existe. Hay, ciertamente, una foto de los dirigentes de PP, Ciudadanos y Vox en febrero de 2019, al término de la concentración convocada por los dos primeros partidos, a la que se sumó el tercero, en contra de aquella mesa de diálogo promovida por el primer Gobierno Sánchez. Mesa en la que los separatistas catalanes colaron la figura del relator, que prefiguraba algo tan caro al independentismo como la internacionalización del conflicto. Ironías de la historia, la concentración precedió en tres días a la caída del Gobierno, que fue obra de la hoy dialogante Esquerra, al unirse a la oposición para tumbarle los Presupuestos a Sánchez, quien convocaría elecciones en abril. Pero la foto real nada tiene que ver con la foto que se armó con photoshop propagandístico, y que es la que aparece y reaparece en la batalla política.

El montaje ha necesitado atribuir a una foto un impacto extraordinario, un impacto que queda fuera del radio de acción de una foto y, en concreto, unos efectos funestos en las trayectorias electorales de los partidos implicados, que no se produjeron, como puede comprobar cualquiera. Pero quién quiere datos, cuando hay relato. Cierto ministro decía, recientemente, que Ciudadanos iba a ser el primer partido hasta que aquella foto le cortó las alas y lo dejó de camino al sumidero. Pero en febrero de 2019, nueve meses después de la moción de censura de Sánchez, y del fin del Gobierno Rajoy apoyado por Rivera, no se esperaba que Ciudadanos fuese el primer partido. En cierto modo, fue una sorpresa que obtuviera el mejor resultado electoral de su historia en las elecciones que se celebraron al cabo de dos meses y pico de aquella concentración.

La fabulada foto de Colón es un remake del viejo film de terror montado sobre la foto de las Azores, pero sin guerra de Irak después, ni nada que se le parezca. Hay que inventarse impactos que no existieron, retrocesos electorales que no hubo y plagas bíblicas, si es preciso. ¿Para qué? Esa es la cuestión. En esta película, todo el mal de la inventada foto de Colón proviene de la presencia de Vox, y su líder Abascal, en ella. Según el guión, Vox es el partido apestado que apesta a los que se juntan con él, y hay que hacerle un cordón sanitario. En la realidad, Vox es el partido con el que el PP tiene que pactar para formar gobiernos autonómicos, y en el futuro, tal vez, un gobierno nacional. La conclusión es simple. Se trata de presionar al PP para que renuncie a pactar Gobiernos con un partido cuyo apoyo necesita, lo que equivale a negarle la posibilidad de gobernar.

En la propaganda vale más una imagen que mil palabras. La visualización del contacto entre PP y Vox, aunque sea un minuto en un escenario, tiene más utilidad propagandística que el apoyo de unos diputados a un Gobierno. Más utilidad significa, en este campo, más eficacia. Y hay que decir que eficacia tiene. El PP tardó en definir el perfil de su presencia en la nueva concentración de Colón y tres notorios presidentes autonómicos han preferido escaquearse. Y esta es, en fin, la otra parte de la cuestión: cuanto más muestra el PP que le afecta la presión de esta obra de propaganda política, más se condena a sufrirla.

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