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Cristina Losada

La guillotina de carreras políticas

Los políticos profesionales son necesarios. Pero el político profesional no tiene por qué ser un político que carece de otra profesión.

Cristina Losada
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Los políticos profesionales son necesarios. Pero el político profesional no tiene por qué ser un político que carece de otra profesión.
EFE

Cada tanto se oye el lamento de que la judicialización de la política está acabando, de un modo cruel y abusivo, con las carreras políticas de muchos. Cada tanto es cada vez que sale a relucir el caso de políticos investigados judicialmente por asuntos de corrupción. Y, sobre todo, cada vez que se plantea que deben dimitir de sus cargos desde el instante mismo en que son imputados.

Quienes discrepan de que ese sea el momento oportuno para su retirada alegan que sería una tremenda injusticia obligarlos a marcharse –voluntarios no hay– si luego resulta que son inocentes. ¿Quién les devolverá entonces la carrera política que quedó irremediablemente truncada? ¡Hay que ver cuántas carreras políticas se están cargando los jueces con su obsesión, poco menos que enfermiza, por investigar a políticos por un quítame allá esas pajas! ¡Cualquier mindundi puede presentar una denuncia y cercenar a voluntad la carrera política de alguien!

De hacer caso a estas protestas, que suelen oírse en las cercanías de los partidos con más imputados, habría en España centenares y hasta miles de carreras políticas prometedoras en peligro. En peligro, cuando no ya difuntas, por culpa de denunciantes sin escrúpulos, jueces deficientes o sesgados, partidos que exigen dimisiones tempranas, medios que aplican la odiosa pena de telediario y un público siempre dispuesto al linchamiento. Bien. Yo detesto como el que más el ensañamiento, pero al oír a las plañideras que así se desempeñan no puedo darles la razón. Que se trunque una carrera política no me parece que sea el fin del mundo ni para el afectado ni para el país. ¿O creen los que lloran por las carreras políticas cercenadas que nos estamos perdiendo, por esa vía, a muchos Churchills y Adenuaers?

No debería ser una catástrofe personal que la carrera política se suspenda o se acabe, pero es notorio que para muchos lo es. Lo es porque su vida depende absolutamente de la política. No hay nada de malo en dedicarse de manera profesional a la cosa pública. Al contrario. Los políticos profesionales son necesarios, como es necesaria la profesionalización en otros ámbitos. Pero el político profesional no tiene por qué ser un político que carece de otra profesión. Sin embargo, por azares nuestros, resulta que el político que se cría en el partido, vive sólo en el partido y sólo puede vivir del partido es una especie muy extendida en el ecosistema partidario. De ahí la extensión de la resistencia a dejar cargo y carrera. ¿Qué podrían hacer si no?

Yo entiendo mejor la resistencia a dimitir de los que no cuentan con más oficio y beneficio que la política, que la que presentan los que tienen alternativa. Recuérdese que una parte nada despreciable de nuestros políticos son funcionarios, por lo que no es ningún drama para ellos dejar el cargo. Los dos perfiles que dominan en la política española son los funcionarios de partido y los funcionarios en el partido. A pesar de lo cual, o justo por ello, luchan como gato panza arriba para no abandonar sus carreras políticas. Y, así, por no hacer el gesto noble de apartarse a la menor sospecha fundada, suelen acabar cubiertos, injustamente o no, de oprobio.

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