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Maduro en Waterloo

A los dirigentes del PSOE y de Podemos les va estallar la cabeza con tantas contradicciones venezolanas y las andanzas de su patrocinado Maduro.

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EFE

A los dirigentes del PSOE y de Podemos les va estallar la cabeza con tantas contradicciones venezolanas y las andanzas de su patrocinado Maduro. A punto estuvo de pasarle al doctor Sánchez en el mitin de Valencia, cuando arremetía en encendida arenga contra PP, Ciudadanos y Vox: "Tenemos una oposición sin escrúpulos que utiliza el dolor del pueblo venezolano para atacar a un Gobierno que junto con el resto de Europa lo que está pidiendo son elecciones democráticas, libres (pausa) en Venezuela", depuso el presidente.

A Sánchez se le veía indignado. Agitaba los brazos para enfatizar sus palabras y elevaba el tono en un in crescendo dramático, como si realmente se sintiera víctima de un complot criminal urdido por la oposición al calor de la crisis en Venezuela. A la altura de las palabras "democráticas" y "libres", la militancia rompió a aplaudir. Parecía que se había acabado la soflama, pero no. Entre los aplausos Sánchez matizó que "en Venezuela". El rictus, fuego en la mirada, expresaba enojo y crispación, maldita oposición. La secuencia dura poco y está a disposición en este enlace a la web de RTVE, el fragmento entre los segundos 9 y 22 del vídeo que se emitió los telediarios del fin de semana.

A tenor del matiz geográfico del discurso de Sánchez, debe ser triste incluso hasta para él que el siniestro zampabollos de Maduro haya podido replicar con tanta facilidad a la petición de elecciones de esa broma internacional que es la Unión Europea, encarnada para la ocasión en un presidente encaramado al poder por los asesores de Maduro, los golpistas catalanistas y los "aprovechateguis" del terrorismo etarra. ¿Elecciones? Tú mismo, Sánchez. En puridad democrática, las mociones de censura triunfantes desembocan en elecciones a la mayor brevedad posible. Tal vez no en ocho días, pero sí en ochenta.

En cuanto a Podemos e Izquierda Unida, tanto Pablo Iglesias como Alberto Garzón están al lado de Maduro y han trinado que el nuevo presidente de Venezuela, Juan Guaidó, ha pegado un golpe de Estado. Así es que, según las figuraciones podemitas, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela habría hecho un Puigdemont. Malas noticias para Junqueras, Carmen Forcadell y el resto de presos preventivos por proclamar la república catalana en el Parlament si se confirma la interpretación venezolana de los becarios del chavismo.

Sin embargo, las cosas no son exactamente como les parece a los amigos Iglesias, Garzón y Errejón, el que afirmaba hace nada que en Venezuela se comía tres veces al día. Como no lo dijo en Twitter, sino en una revista, queda constancia. Guaidó no es el presidente del Govern, sino el del Parlament, pero de un parlament que en Caracas es el último reducto de la mayoría, no como en Barcelona, que es correa de transmisión de un poder que sólo se diferencia del de Maduro por el volumen armamentístico. Ciertamente, las fuerzas armadas bolivarianas son superiores en medios y número a los Mossos d'Esquadra. Por demas, los cuatrocientos mercenarios de Putin que protegen a Maduro son más y están mejor armados que los dieciséis mossos d'esquadra de la Consejería autonómica de Interior que velan por Puigdemont. Caso contrario, otro gallo cantaría. Cabe constatar, eso sí, que Maduro es el único líder internacional que se ha fotografiado con la estelada. Su diplomacia no reconoció la república catalana, pero menos es nada.

Más o menos a la misma hora que Sánchez denostaba a la oposición, Maduro se dirigía a las tropas de su ejército desde el fuerte de Paramacay del estado de Carabobo en los siguientes términos:

Nadie respeta a los cobardes ni a los traidores, nadie. En este mundo se respeta a los valientes, a los corajudos, se respeta el poder, y tenemos que hacer respetar el poder de la nación venezolana con el poder militar, el poder militar de la nación.

Miles de militares armados y corruptos hasta los dientes jaleaban al pavo mientras el presidente Guaidó asistía a un funeral por los treinta asesinados de los últimos días a manos de las tropas chavistas. Pero dijo más Maduro, y seguro que Iglesias, Garzón, Errejón y Carles Puigdemont suscribirían las siguientes palabras del Carnicero de Caracas:

Me siento muy orgulloso como comandante en jefe de ustedes. Sientan que este obrero que está aquí, que se forjó en los barrios, que se forjó humildemente, que tuvo como maestro al comandante Chávez, sientan que este obrero comandante en jefe es un soldado igual que ustedes. Me siento soldado de este ejército, me siento soldado de esta patria.

Grande Maduro, Napoleón en Waterloo.

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