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Cristina Losada

Pablo Iglesias y la autoría intelectual del 13-M

La disputa por la autoría intelectual del "famoso sms" es la ridícula secuela de un acto que todavía abochorna a los políticamente adultos.

Cristina Losada
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La disputa por la autoría intelectual del "famoso sms" es la ridícula secuela de un acto que todavía abochorna a los políticamente adultos.

La disputa por la autoría intelectual del sms que impulsó las manifestaciones ante las sedes del PP aquel 13 de marzo de 2004, dos días después de los atentados de Atocha, es la ridícula secuela de un acto que todavía abochorna a los políticamente adultos. No porque se violara la jornada de reflexión, como tanto se dice, sino por la exhibición de indigencia moral que supuso. Lo que se hizo con aquel acto, y no sólo en él, fue trasladar la culpa de un atentado: de sus autores al Gobierno en ejercicio. No eran asesinos los asesinos, sino Aznar, que, como decía el sms, no debía "irse de rositas".

Esto, entre nosotros, tenía algún precedente antiguo, como cuando se gritaba, tras los crímenes de ETA, "Vosotros, fascistas, sois los terroristas", siendo los fascistas quienes quiera que se indignaran por los asesinatos de la banda. La costumbre se actualizó en 2001, cuando se culpó de los atentados del 11-S a los Estados Unidos. Pero con los EEUU siempre hay carta blanca. En Europa, sin embargo, una masiva y ruidosa traslación de la culpa de un atentado sólo tuvo lugar en España en aquellas jornadas de marzo. Se hizo con tal naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo, que dos años después, cuando las bombas en Londres, el periodista Ekaizer le sugirió a Blair, en rueda de prensa, si no había otros culpables además de los autores. El británico se cabreó: los únicos culpables, dijo, son los que lo hicieron. En España, eso, tan obvio, no estaba claro y me temo que no lo está aún.

No debe de estarlo cuando se enorgullece ahora el secretario general Iglesias de haber concebido "el famoso sms". Y ello pese a que en un libro de Carlos E. Cué aparecía otro autor, que prefiere el anonimato, bien al contrario que el de Podemos. Ahora bien, en este intento suyo por aparecer como el cerebro del cerco a las sedes del PP el 13-M no asoma sólo el ego, también un rasgo muy podemista, muy de su cúpula, al menos. Es el deseo de hacerse con un pedigree de lucha como el que tuvieron los mayores –mejor dicho, como el que dicen que tuvieron los mayores en la lucha antifranquista–, que se trasluce en su manera de rechazar la Transición, en su rescate, tan lamentable, de "La estaca" (explicado como una forma de mostrar "la continuidad de luchas"), en su propósito de volver atrás: al pre 1978.

En años recientes vimos cómo se fabricaban biografías antifranquistas personas que estaban tomando el biberón cuando murió Franco. No hace tal cosa Iglesias, ya cantaría, pero se ha ingeniado un papel estelar en lo que para él debe de ser la cima de las luchas de su tiempo, que es lo del 13-M. Es decir, cuando él y otros, reunidos en la Facultad de Políticas, a modo de Instituto Smolny, hicieron un brain storming para redactar un sms. Por lo visto, les costó. No se subestime la dificultad de redactar un mensaje de texto telefónico. Aunque lo más gracioso es que esto se lo contara a Gabilondo. En aquel sms, que no pudo escribir nadie políticamente adulto, se decía: "¿Lo llaman jornada de reflexión y Urdaci trabajando?". Yo supongo que Urdaci presentó aquel día, como era su obligación, el telediario. Pero Gabilondo también estaba trabajando. Y no ha querido, él sabrá por qué, disputarle a Iglesias el protagonismo de aquella jornada gloriosa.

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