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Cristina Losada

Podemos y una libertad incómoda

El adanismo de Podemos llega al extremo de que se cree el partido que más ataques ha recibido en España. Esto ya ronda la megalomanía

Cristina Losada
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Desde que tengo memoria de Podemos, y es que parece que lleva ahí una pila de años, me ha saltado a la vista un tic muy suyo: presentarse como víctima de una brutal ofensiva política y mediática. Esto último sorprenderá particularmente a quien no haya olvidado que algunos de sus dirigentes gozaron, incluso antes de constituir el partido, de espacios tan sumamente acogedores en los medios que se hubiera dicho que ciertos programas estaban hechos a su medida. Programas, en fin, donde eran los tertulianos que iban en clase preferente: los que tenían más veces el turno de palabra y los que tenían la última palabra en todo. Ignoro si continúa siendo así, pero en todo caso lo fue: hubo una luna de miel entre Podemos y los medios. Una luna de miel de la que no disfrutaron otros partidos emergentes.

Tal vez de aquellos polvos vengan estos lodos. Se acostumbra uno al trato de favor y luego encaja mal el trato sin paños calientes que rige en la arena política. Uno pasa de pontificar sin trabas, aplaudido por la audiencia de un programa, a que los adversarios le pongan a caer de un burro y la prensa le busque las vueltas. Menudo contraste, sí. ¡Vaya incomodidad! Pero el segundo escenario es el que afrontan todo partido político que despunte y todo partido que llegue a gobernar. Esto es así, claro, en las democracias. Fuera de ellas puede ser obligatorio recibir a partidos y gobiernos con flores y alabanzas, pero en ellas no lo es.

Sometido al fuego graneado que soportan cualquier partido y cualquier gobierno, Podemos dice sentirse perseguido, acosado, asediado y embestido. Aún volvía sobre ello Iglesias Turrión en una tribuna que publicó el otro día en El País. "…hemos recibido más ataques que nadie". Ahí lo decía de pasada, pero es un tema recurrente y central de sus mensajes. Forma parte de su mitología: quieren exhibirse como el único partido que de verdad les da miedo a unos poderes corruptos, crueles, estúpidos y malvados. Son el David valiente y virtuoso frente al Goliat indecente, fullero y repulsivo. Y la prueba de ello son esos ataques, esa hostilidad, esa voluntad de aplastarlos que manifiestan los rivales políticos y la prensa desafecta. El adanismo de Podemos llega al extremo de que se cree el partido que más ataques ha recibido en España. Esto ya ronda la megalomanía.

La manía persecutoria de Podemos está seguramente en el origen de esa página web que ha abierto el Ayuntamiento de Madrid a fin de recoger informaciones aparecidas en la prensa para desmentirlas. Es la primera consecuencia palpable e indeseable de la obsesión. Convencidos de que la prensa ha decidido ir a por ellos, han decidido ir a por la prensa. No hay nada que objetar a la rectificación de informaciones. Todos los políticos y los gobiernos lo hacen continuamente de un modo u otro. Lo que no ha hecho nadie es poner en la picota a periódicos y periodistas tal como hace la dichosa página web. Lo decía Justino Sinova: con ese señalamiento no se trata sólo de acusar de mentir o de equivocarse, sino de que el acusado "entienda que es mejor no meterse en líos de informar de según qué cosas". Un aviso a navegantes que se llama intimidación.

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