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Cristina Losada

Qué se puede hacer antes de que Mas vulnere la ley

Ese aumento de los partidarios de la secesión no es irreversible, pero frenarlo requiere de una actuación política.

Cristina Losada
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Ese aumento de los partidarios de la secesión no es irreversible, pero frenarlo requiere de una actuación política.

Como en el viaje a Ítaca de Kavafis, en el que ha emprendido Mas lo más importante es el viaje mismo. De ahí que yerre el Gobierno de España si piensa que sólo importa que el proceso rupturista no llegue a su destino, al menos durante su mandato, que ya apechugarán los siguientes. Y parece que lo piensa o actúa como si lo pensara, toda vez que se limita a reiterar que el Estado dispone de instrumentos para impedir que se vulnere la Constitución y que los utilizará cuando corresponda. Frente a un desafío político el Ejecutivo responde únicamente con un recordatorio administrativo, lo cual será correcto y necesario, pero es del todo insuficiente. Mientras Mas y compañía no se salten la ley, ¿cuál es el discurso político del Gobierno? ¿Que no es el momento? ¿Que todos –y, ojo, sin señalar, no vaya a ser que alguien se dé por aludido– deberían centrarse en salir de la crisis?

Salvo los más crédulos de los creyentes, pocos creen que la consulta vaya a convocarse en los plazos tan solemnemente pactados por Mas y Junqueras. Aún son menos los que creen que el president va a proclamar la República catalana desde el balcón de la Generalitat para repetir las diez horas de Estat catalá que legó Companys a la historia de los fiascos. En tal incredulidad se mece buena parte de la sociedad catalana, del empresariado y de los votantes de CiU, que esperarán, no obstante, sacar algo de este lío: un pacto fiscal, unas ventajillas, más financiación, lo de siempre. Pero quién sabe. Hay procesos que se vuelven incontrolables. Sin olvidar lo importante: el proceso mismo tiene consecuencias. Puede que Mas no llegue al final de su viaje, pero en el trayecto habrá conseguido fortalecer las pulsiones separatistas en Cataluña.

Ese aumento de los partidarios de la secesión no es irreversible, pero frenarlo requiere de una actuación política. El caudal separatista disminuye, por ejemplo, cuando se dan a conocer los efectos que tendría una secesión, esos que los nacionalistas ocultan cuidadosamente a los ciudadanos. Es éste un campo que apenas han explorado el Gobierno y su partido. Excepto la aclaración de que una Cataluña separada de España tendría que salir de la Unión Europea, poco o nada han explicado. ¡Y es lo más importante! El PP entiende por acción política dirigirse a Duran i Lleida para que frene el proceso independentista. Más le valdría dirigirse a la sociedad catalana y desmontar uno a uno los cuentos de la lechera del nacionalismo. 

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