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Cristina Losada

Una pelea de bar en el Congreso

La equidistancia es la derivada blanda del mito del 'conflicto vasco', con sus dos bandos y sus víctimas de ambos lados.

Cristina Losada
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Podemos, Bildu, PDeCAT, ERC y PNV. He ahí, prácticamente al completo, el elenco nacionalista del Congreso. Digo bien: Podemos incluido. Son, si se quiere, nacionalistas a tiempo parcial. Todos los citados, en cualquier caso, tuvieron tiempo para reunirse en el Congreso con los familiares de los atacantes de dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua. Porque los agresores, en su criterio, son víctimas. Lo serían porque han sido imputados por terrorismo y tres de ellos están en prisión. Piden su puesta en libertad. Para los agredidos no piden nada. Ni siquiera los mencionan en el manifiesto que rubricaron. No constan, y la agresión tampoco: son "los hechos acaecidos, el pasado 15 de octubre, de madrugada, en un bar de la localidad de Alsasua".

Hechos acaecidos en un bar. Llamativa la distancia entre la indefinición de los hechos y la definición del lugar donde acaecieron. La explicación es sencilla: su versión es que los hechos acaecidos fueron una pelea de bar. Una de tantas, ya se sabe, con unas copas de más. No lo ponen negro sobre blanco en el manifiesto, pero lo dicen. Lo dijo, con particular claridad, la portavoz adjunta de Unidos Podemos, Ione Belarra: "(…) nosotros consideramos y reivindicamos que es una pelea de bar". Lo reivindican, nada menos. Como dijo también Belarra que hay, al respecto, un consenso "dentro de la sociedad navarra y vasca y en el conjunto del Estado". Habrá que reivindicar que la calificación de los delitos se haga por consenso social.

Otro firmante que aclaró las cosas es Joan Tardá. Sentenció el de Esquerra que "responder con la violencia por parte del Estado es una sinrazón". La violencia del Estado ha consistido en detener y procesar a los agresores. Pero ¿qué calificativo le aplicaría a la violencia de los que agredieron a los agentes y sus parejas? ¿Será, para él, una violencia razonable? Más confusas son las sensaciones del diputado del PDeCAT, Sergi Miquel. "Nos da la sensación", dijo, "de que lo que ha pasado en Alsasua es una instrumentalización de un hecho que, sumado a los prejuicios de la situación de tensión que se vive allí entre dos bandos, pues termina con las víctimas que hemos tenido hoy". Queda al menos claro que, para PDeCAT, los agresores abertzales son víctimas.

A fin de arreglar los desperfectos declarativos, llegó Iglesias Turrión con la equidistancia. "Estamos con los agredidos y lo dijimos desde el principio, pero nosotros nos tenemos que reunir con todo el mundo". No me consta que hayan invitado al Congreso a los agredidos ni que les dedicaran un manifiesto. Es más, su partido en Navarra rindió homenaje, el año pasado, a "la entereza" con la que el pueblo había respondido al tumulto policial y mediático que provocó la agresión a los guardias. El pueblo respondió con manifestaciones en las que se pedía la puesta en libertad de los agresores.

La equidistancia es la derivada blanda del mito del conflicto vasco, con sus dos bandos, como los que ve el diputado Miquel, y sus víctimas de ambos lados. Se establece de ese modo que hubo violencias simétricas, y se reparte la responsabilidad del conflicto entre los terroristas de ETA y el Estado. A ese relato falaz se apuntó hace tiempo el nacionalismo. Y a él se apunta Podemos, al tomar partido por los agresores de Alsasua y transformarlos en víctimas. En esto, como en tantas otras cosas, Podemos no trae novedad. Es aquella izquierda que compró la mercancía nacionalista.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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