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Cristina Losada

Zapatero y otros parias de la tierra

Quieren oír que Bush es culpable, y lo oyen. Quieren escuchar que la derecha asfixia a los más desvalidos, y lo escuchan. Todo es previsible, arcaico, pueril y falso, pero rehace el universo maniqueo que la izquierda precisa para sobrevivir

Cristina Losada
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Los parias de la tierra española están de suerte. Zapatero, Guerra y otros altos dirigentes socialistas han advenido para prometer el maná del estao a los menos pudientes y castigar a los culpables de tanta injusticia. El presidente del Gobierno y su cohorte, todos proletarios de rancio abolengo, se ajustan un pañuelo rojo al cuello, levantan el puño manicurado y entonan La Internacional como en los viejos tiempos. Una vez cada doce meses componen la estampa, pero el mensaje permanece.

Los ejecutivos de la Pesoeya no se proponen trastrocar la economía de mercado, sino exprimirla en su beneficio, y por eso dan siempre lustre al cliché de que la izquierda está con los débiles y la derecha con los fuertes. A esa convicción sentimental viene a reducirse, hoy, el "ser de izquierdas". Viven tales criaturas poco más que de emoción y sentimiento. De ahí que resulte tan absurdo reclamar de unos políticos, que medran explotando ese filón, recetas para salir de una crisis o cualquier otro signo de eficacia.

El público de estos proletas de ocasión no censura la ineptitud manifiesta de sus dirigentes ni el disfraz sindicalista de quienes no han trabajado duro en su vida. No exigían siquiera, este fin de semana en Rodiezmo, mejores salarios o menos impuestos. Los devotos socialistas allí congregados están encantados con Zapatero porque es un "hombre de paz" y "el más guapo del mundo mundial". Ése es el nivel. Y no sólo en la ritual asamblea de la nostalgia roja.

Quieren oír que Bush es culpable, y lo oyen. Quieren escuchar que la derecha asfixia a los más desvalidos, y lo escuchan. Todo es previsible, arcaico, pueril y falso, pero rehace el universo maniqueo que la izquierda precisa para sobrevivir; el escenario de buenos y malos que necesita para pavonear la superioridad moral que se arroga impúdicamente. Es ése un papel que aquí puede representar sin temor a la competencia. El partido del centroderecha español no se atreve a discutirlo. Ya elude, medroso, cualquier pronunciamiento sobre cuestiones de orden moral y, prácticamente, no habla de política.

Es difícil decidir quién resulta más patético.

Tertuliana de Es la Noche de Dieter.

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