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EDITORIAL

Democracia es debate

Cuando se tienen las ideas claras y el valor necesario para defenderlas –tal y como con tanto acierto hicieron Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas el martes en TVE–, poco hay que temer y mucho que ganar.

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La democracia es un sistema de opinión pública y de pugna de ideas, y los ciudadanos tienen el derecho –tanto como los políticos el deber– de que se celebren el mayor número de debates posible entre aquellos que aspiran a ser sus representantes. Pues bien, el espectáculo que están ofreciendo los partidos y los medios de comunicación a la hora de atender este imperativo democrático está resultando, sencillamente, lamentable.

Tal y como ya se ha señalado, no es de recibo que una formación como Vox, que acaba de cosechar unos espléndidos resultados en las elecciones andaluzas y que todos los sondeos aseguran que será el cuarto o quinto más votado en las elecciones del 28-A, haya sito excluido de todos los debates, incluido el que se celebró el martes en TVE, al que sí fueron invitados partidos nacionalistas como ERC o el PNV.

Igualmente bochornoso resulta el hecho de que el candidato a la reelección como presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se haya negado a asistir al debate a cuatro organizado por Atresmedia y limitado su participación al que se celebrará en TVE el próximo día 23. Ante semejante espantada, cabe entender que los líderes de PP y Ciudadanos, Pablo Casado y Albert Rivera, decidan no acudir al de Atresmedia en el caso de que el atril de Sánchez lo ocupe un segundón del PSOE.

Aunque hay que admitir que existen precedentes similares a la espantada de Sánchez –en la campaña de 2015, el PP envió a Soraya Sáenz de Santamaría, en lugar de a Mariano Rajoy, a un debate con Rivera, Sánchez e Iglesias–, no dejaría de ser escandaloso que los pocos debates que se van a celebrar estuvieran protagonizados por quienes no van a encabezar las listas electorales.

Finalmente, aunque el bipartidismo haya perdido muchísimo fuelle, PSOE y PP han seguido siendo los partidos más votados en los últimos comicios y siguen siendo los preferidos por los electores en todos los sondeos. Así las cosas, no es de recibo que los dos mayores aspirantes a la Presidencia del Gobierno no se enfrenten en un cara cara. Es cierto que Casado ha retado insistentemente a Sánchez, pero está visto que el socialista, ya reacio a celebrar debates entre varios candidatos, lo es todavía más a enfrentarse solo a su principal rival.

Esta devaluación de los debates afecta negativamente a la calidad de la propia democracia. Cuando se tienen las ideas claras y el valor necesario para defenderlas –tal y como con tanto acierto hicieron Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas el martes en TVE–, poco hay que temer y mucho que ganar. Los políticos tienen el deber de confrontar públicamente sus propuestas, y cuando no lo hacen desatienden un mandato democrático y demuestran que lo que les importa no es tanto la puesta en práctica de unas ideas como la mera consecución del poder.

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