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Deriva del PP: Aznar dice basta

Es lógico que el expresidente del Gobierno, tras años de comedidas advertencias, haya terminado por renunciar a la Presidencia de Honor del partido que refundó.

EDITORIAL
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Hay un tipo de corrupción política, que nada tiene que ver con la corrupción económica, pero que vicia y altera no menos negativamente el funcionamiento de la democracia, que consiste en la falta de honradez intelectual y en la radical deslealtad de los representantes de un partido político a su programa, a sus principios, a su ideario y, por tanto, a sus votantes. Desde que el Gobierno de Rajoy, en su primer Consejo de Ministros de 2011, decidió afrontar el déficit dejado por Zapatero no con un mayor recorte del gasto público –tal y como hubiera sido predecible en quienes se habían opuesto a las subidas de impuestos con déficits aún mayores que el de 2011–, sino con un asfixiante incremento de la presión fiscal, el Partido Popular ha llevado una acción de gobierno absolutamente contraria al ideario liberal-conservador que otrora abanderaba, y no sólo en el ámbito económico.

Lo cierto es que Mariano Rajoy, bien por falta de principios o de lecturas, bien por su carácter y su acomodaticia pasividad a la hora de dar la batalla de las ideas, bien por carecer de un modelo alternativo de sociedad, bien por una suma de todo lo anterior, sólo ha aspirado a ser el buen gestor de un modelo estructuralmente insostenible, como el que le dejó en herencia Rodríguez Zapatero. Y lo cierto es que, ya sea en política fiscal, antiterrorista, hídrica, autonómica, social o cultural, el Gobierno de Rajoy ha representado en cierto sentido una tercera legislatura de Zapatero bajo siglas del PP.

Especialmente grave por su condescendencia ha sido la insensata política de intentar contentar a los nacionalistas catalanes aun después de haber protagonizado estos el mayor golpe al ordenamiento constitucional desde el 23-F, ordenamiento cuya observancia todavía no ha sido restablecida en el Principado. Las intenciones del Gobierno de Rajoy podrán ser otras, pero lo cierto es que su política, lejos de debilitarla, ha fortalecido la convicción de los secesionistas de que no les va a faltar ni financiación ni impunidad a la hora erradicar a España y al Estado de Derecho de Cataluña.

Ante esta histórica pero, al tiempo, silenciosa y silenciada deriva del Partido Popular, es lógico que José María Aznar, tras hacer en estos años comedidas pero claras advertencias, haya terminado por presentar su renuncia a la Presidencia de Honor del PP y por anunciar que no va a acudir al próximo Congreso popular.

Es lógico que Aznar, en su carta a Rajoy, no entre en "otras consideraciones" y elegantemente justifique su dimisión en el hecho de que FAES ya no está vinculada al PP. La cuestión, sin embargo, es por qué FAES, un laboratorio de ideas que nació para estar vinculado al PP hasta el extremo de absorber otras fundaciones del partido, como la Cánovas del Castillo o el Instituto de Formación Política, ha querido ahora romper con el PP. Y la respuesta no es otra que la radical divergencia de planteamientos que ahora existe entre un Think Tank liberal conservador fuertemente comprometido con la nación española como Estado de derecho, como es FAES, con un partido como el de Rajoy que, simplemente, ya muy poco tiene que ver con estas señas de identidad.

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