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EDITORIAL

La amenaza del Muro revive 25 años después

El Muro de Berlín cayó hace 25 años, es cierto, pero eso no impide que puedan surgir nuevos muros en el futuro.

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No deja de resultar paradójico que 25 años después del derribo del Muro de Berlín, cuya desaparición marcó el fin de la Guerra Fría y la posterior caída del régimen soviético, el auge del comunismo en algunos países del sur de Europa, como es el caso de Podemos en España o Syriza en Grecia, amenacen con revivir la tenebrosa sombra del totalitarismo, reconstruyendo así los vestigios de un sistema asesino y liberticida que, hasta ahora, parecía condenado a la extinción.

El Muro de Berlín, conocido también como la "franja de la muerte", no sólo dividió Alemania durante 28 años, sino que partió el continente europeo en dos bloques antagónicos, uno basado en la libertad y el respeto a los derechos fundamentales del hombre y otro consistente en el control absoluto del Estado sobre los bienes y la vida de su población, convirtiéndose así en uno de los grandes iconos de la barbarie comunista. En el verano de 1961, la cruel dictadura impuesta por la URSS en Alemania Oriental decidió sellar la frontera que separaba el sector comunista de Berlín del estadounidense, francés y británico, primero con una alambrada y poco después con gruesos bloques de hormigón a lo largo de 155 kilómetros para evitar que los berlineses del este siguieran escapando del paraíso comunista. No en vano, se calcula que la República Democrática de Alemania (RDA) perdió una sexta parte de su población en sus primeros años de existencia por la masiva emigración de ciudadanos hacia el oeste capitalista.

El Muro fue, sin duda, la consecuencia lógica del régimen de terror y miseria que implanta el comunismo allá donde toca poder, ya que sus dirigentes, tarde o temprano, se ven obligados a cerrar las fronteras para frenar la huida en masa de su población. Con más de 100 millones de muertos a las espaldas, esta ideología totalitaria condenó a la esclavitud a buena parte de la humanidad durante el siglo XX y, por desgracia, perdura todavía en diversos países. El derribo del Muro berlinés en 1989 simbolizó el fracaso absoluto del comunismo, tanto a nivel ideológico como político y económico, y supuso el inicio del fin de uno de los episodios más terribles de la historia de la humanidad. La izquierda se quedó, entonces, sin ideas y tuvo que reconvertirse, aceptando a regañadientes el desastre sin paliativos de su particular utopía socialista.

Sin embargo, la negra historia del comunismo no acabó ahí. Algunas dictaduras siguen en pie, como es el caso de Cuba, Corea del Norte o la propia China a nivel político, mientras que otras se han ido construyendo en los últimos años, tal y como ejemplifica la victoria del chavismo en Venezuela. Y lo trágico es que ahora amenaza incluso con instaurarse en nuevos países europeos, con democracias modernas, aprovechándose del propicio caldo de cultivo que ha dejado tras de sí la crisis económica para el surgimiento y desarrollo de peligrosos movimientos populistas. En este sentido, Podemos representa hoy en España lo que en su día fue el partido comunista en la antigua RDA (SED). Cambian las caras, los símbolos, los discursos y las estrategias, pero la esencia ideológica, que es lo que realmente importa, sigue siendo la misma.

Según Juan Carlos Monedero, uno de los referentes de dicha formación, "las etiquetas tradicionales ya no sirven. No es sencillo definirse sólo con un adjetivo", pero Pablo Iglesias, el líder supremo de Podemos, lo deja muy claro: "Yo soy comunista" Ahora que la izquierda más radical ha resucitado su gran paradigma, aprovechándose del hueco en la memoria que suele dejar el paso del tiempo y el desconocimiento de muchos sobre lo que realmente significó aquel régimen de terror y miseria, es la derecha la que se muestra indefensa e incapaz de combatir el auge del populismo en España. Y la razón no es otra que la ausencia de ideas y firmes convicciones morales a la hora de defender las virtudes de la libertad individual y el libre mercado. Podemos gana terreno en la arena política porque su adversario, simplemente, ha optado por la rendición ideológica. Así pues, queda confiar en que, finalmente, se imponga el sentido común para que el comunismo no acabe arraigando en la sociedad y, de este modo, se haga con el control de las instituciones democráticas, puesto que su naturaleza es, por definición, totalitaria, liberticida y sanguinaria. El Muro de Berlín cayó hace 25 años, es cierto, pero eso no impide que puedan surgir nuevos muros en el futuro.

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