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EDITORIAL

El Gobierno censura y la oposición calla

Resulta perturbador el perfil bajo que está mostrando la oposición ante un Gobierno tan incompetente como peligroso.

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Tras haber denunciado y criticado editorialmente los inadmisibles filtros que el Gobierno impone a las preguntas de los medios en las ruedas de prensa en las que supuestamente informa sobre las crisis del Covid-19, Libertad Digital no puede más que respaldar el manifiesto firmado por medio millar de periodistas que denuncia esa "censura previa" que de forma tan descarada vulnera un artículo tan esencial de la Constitución como el que consagra el derecho "a comunicar o recibir libremente información veraz" (art. 20.1.d), o el que advierte de que el ejercicio del mismo "no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa" (20.2).

Pues bien, el tan incompetente como liberticida Ejecutivo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no sólo no ha eliminado esos filtros infames, sino que los ha endurecido hasta el punto de censurar absolutamente todas las preguntas que han formulado los promotores del manifiesto.

Semejante actitud se debe no sólo a su indisimulado desprecio a la libertad de prensa, sino a la servil, acobardada y acomplejada actitud de los principales partidos de la oposición, que en ningún momento han hecho suya la denuncia contra ese amordazamiento de la profesión periodística. Como dice el mencionado manifiesto, en cualquier otro país democrático "se realizan ruedas de prensa telemáticas", en las que los periodistas "formulan las preguntas directamente", sin intermediarios que, como el infame Miguel Ángel Oliver, ejercen con tremenda desvergüenza de censores políticos. "Del mismo modo", añaden los profesionales amordazados, "tienen la posibilidad de repreguntar. Es así, y sólo así, como las personas que dan la rueda de prensa no pueden responder con evasivas, tal y como ha sucedido reiteradamente en las ruedas de prensa organizadas en el Palacio de la Moncloa".

En cualquier otro país democrático, la oposición habría puesto el grito en el cielo si al Gobierno se le hubiera ocurrido vulnerar la libertad de preguntar como ha hecho el Ejecutivo de Sánchez e Iglesias. El PP y Cs guardan en este punto un silencio inadmisible, igual que ante las millonarias subvenciones que el Gobierno va a destinar al duopolio que tan bien le sirve, el que detentan Mediset y Atresmedia en el sector de la televisión en abierto.

A este respecto, conviene recordar cómo el PP apeló temerosa y arteramente a la libertad de expresión de La Sexta para, en realidad, acallar el derecho a la crítica y la libertad de expresión de su propia portavoz, Cayetana Álvarez de Toledo, quien había denunciado el sectarismo de esa cadena, a la que ahora le llueven millones de euros en subvenciones.

Con este acobardado silencio, a costa de quien evitó in extremis al PP el incomparable ridículo de participar en la ominosa manifestación feminista del 8-M, los de Casado quizá crean que se ganan el favor de la banda de Ferreras, cuando en realidad no hacen sino envalentonarla; como han envalentonado al Gobierno en sus filtros contra las preguntas criticas.

Esta tibieza se suma a la anuencia con que la oposición ha asumido el confinamiento de la actividad parlamentaria y a la falta de una crítica mucho más severa de la draconiana paralización del sector productivo, que asombrosamente sólo parece recibir críticas del empresariado.

En unos momentos en los que tantos ciudadanos se plantean si el desastre hacia el que nos conduce el Gobierno obedece a mera incompetencia o, por el contrario, a una estrategia revolucionaria y totalitaria de toma del poder –no son incompatibles–, resulta absolutamente desorientadora esta oposición de perfil bajo. La vida, también en la arena política, implica la asunción de riesgos. E ignorarlo es tanto una temeridad como una cobardía.

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