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EDITORIAL

No al 'confinamiento' de la prensa y la oposición

No se puede más que celebrar la acertada critica que ha dirigido Cayetana Álvarez de Toledo al Gobierno: "Le entregamos máximos poderes y nos devuelve mínima eficacia".

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La adicción a la mentira de este Gobierno es tan acusada que le lleva a faltar a la verdad aun a riesgo de hacer el más espantoso de los ridículos. Buen ejemplo de ello es la invención de una nueva categoría en los resultados del test del coronavirus para decir que Carmen Calvo había dado un "resultado negativo no concluyente".

Es de desear que la vicepresidenta, que cometió la imperdonable temeridad de participar en las ominosas movilizaciones feministas del 8-M y de incitar a las demás mujeres a hacer lo propio –porque, decía, les iba "la vida en ello"– se recupere enseguida. Y que dimita cuanto antes.

Las medias verdades y las patrañas que está evacuando el Gobierno a cuenta del coronavirus son de no creer, verdaderamente. Tras haber hecho oídos sordos a las advertencias de la comunidad científica –incluida la OMS– sobre la magnitud de la pandemia, el Gobierno está demostrando que su incompetencia en la gestión de la crisis es tan descomunal como su irresponsabilidad cuando de lo que se trataba era de prevenirla. Ahí están las contantes denuncias del personal sanitario, de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, de las Administraciones autonómicas y hasta de las funerarias por la falta de material de protección. Parecería que sólo el altruismo de algunos empresarios está impidiendo el colapso total, mientras el Gobierno sigue sin saber siquiera cómo manejarse en los cruciales ámbitos de la adquisición y distribución de los suministros necesarios.

Si, ciertamente, es intolerable que Sánchez se remita al BCE y a la deuda pública para la resolución de los desafíos económicos que plantea la pandemia, no menos demencial resulta que el Ejecutivo encomiende a la OTAN la obtención de un material sanitario que debería ser objeto de concurso público para lograr, no mediante avales, sino mediante pago por adelantado, que el sistema productivo reoriente su actividad y satisfaga tal demanda. En este sentido, no se puede más que celebrar la acertada critica que ha dirigido Cayetana Álvarez de Toledo al Gobierno: "Le entregamos máximos poderes y nos devuelve mínima eficacia".

Esperemos que la intervención de la portavoz popular sirva para elevar el grado de crítica por parte de una oposición que pareciera haber hecho suya la cantinela según la cual el "sentido de Estado" obliga a silenciar o posponer la fiscalización a un Ejecutivo que tiene gravísimas responsabilidad políticas –y puede que hasta penales– por una pandemia en la que no por casualidad, sino por absoluta incompetencia, España está registrando, junto a Italia, el mayor número de fallecidos y de sanitarios infectados del mundo.

Otro tanto se pude y debe decir de los medios de comunicación, que no han elevado la menor protesta ante los injustificables filtros que este Gobierno de charlatanes impone a sus amañadas ruedas de prensa; como si las preguntas incómodas fueran poco menos que portadoras del coronavirus.

Ninguna pandemia ni ningún sentido de Estado deben confinar la crítica al Ejecutivo. Lo demás es encubrir con los ropajes de la lealtad lo que no es otra cosa que cobardía o complicidad.

En España

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