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EDITORIAL

La verdadera Bildu no se oculta

Bildu no tiene ningún reparo en mostrarse como es: un partido profundamente antidemocrático, dispuesto a justificar, promover y practicar la violencia.

Mientras el Gobierno pacta con ellos leyes muy importantes y convierte a este partido en uno de sus principales socios, mientras toda la prensa y las televisiones del régimen tratan de convencernos de que los proetarras con poco menos que hermanitas de la caridad democrática, la realidad es que Bildu no tiene el menor reparo en mostrarse tal como es: un partido profundamente antidemocrático, dispuesto a justificar, promover y practicar la violencia siempre que eso sirva a sus fines.

Lo hemos visto en los últimos días en el País Vasco: en primer lugar las amenazas a un joven sólo por ser hijo de un líder político y la agresión a una mujer que le acompañaba y sobre la que, por cierto, las feministas habituales no han tenido a bien emitir ni la más mínima condena.

Después y durante el fin de semana una nueva ronda de exaltación proterrorista que, como ocurre todos los veranos, toma como excusa las fiestas locales y tiene lugar no sólo en pequeños ayuntamientos batasunizados, sino que llega incluso a la propia capital del País Vasco, con brindis por los asesinos y otros actos públicos organizados por grupúsculos que, tal y como denunciaba Covite, reciben pingües subvenciones públicas.

Y por último, o mejor dicho la última por el momento, lo ocurrido este mismo lunes en el ayuntamiento de Guecho, donde todos los grupos políticos se han puesto de acuerdo en una declaración para condenar las amenazas a Mikel Iturgaiz, con la única excepción de Bildu, como no, que ni siquiera ha querido participar en la elaboración de texto y, por supuesto, se ha negado a refrendarla con su voto.

Esa es la verdadera cara de Bildu, del socio de Sánchez en Madrid y de María Chivite en Navarra, del partido que el propio PSOE pero también Unidas Podemos están empeñados en blanquear mientras, eso sí, lanzan alertas antifascistas contra formaciones políticas que nunca han apoyado la violencia y, por supuesto, nunca la han practicado.

Los hechos nos revelan también la auténtica realidad de la mal llamada "derrota" de ETA: la organización criminal ya no asesina, cierto aunque sigue guardando a buen recaudo los medios para hacerlo, pero los suyos han logrado establecerse como un actor político esencial no sólo en el País Vasco sino también en Navarra y España y, además, sigue glorificando su pasado asesino y su presente de violencia e intimidación, que han sido las dos herramientas que han utilizado siempre para hacer la canallada que ellos han entendido como política en toda su miserable vida.

La única diferencia es que ahora lo hace con la aquiescencia, y por tanto la complicidad, del mimísimo Gobierno de España.

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