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Emilio Campmany

El caso Ghali

Aquí hay gato encerrado, pero nadie parece interesado en ver dónde está.

Emilio Campmany
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Aquí hay gato encerrado, pero nadie parece interesado en ver dónde está.
Brahim Ghali, en una imagen de archivo. | Cordon Press

El caso Ghali no se entiende. No se ha explicado qué clase de tratamiento necesitaba que no podía serle administrado en Argelia. Lo de que viniera con documentación falsa, algo que exige cometer varios delitos, no sólo por parte de quien con ella viaja, sino también por parte de quienes se la facilitaron, tampoco se ha explicado. ¿Se la proporcionó el Gobierno para que el paciente pudiera sustraerse a la acción de la Justicia española, para evitar que se enterara Marruecos o para las dos cosas? Que Francia le comunicara a Marruecos que Ghali estaba aquí es una afrenta de un socio de la Unión Europea y aliado de la OTAN. ¿Por qué ha quedado sin respuesta? La marcha del enfermo con casi la misma nocturnidad y alevosía con la que vino es también un insulto a nuestra Justicia. ¿O es que el juez Pedraz sabía que el Gobierno quería que se marchase sin haber saldado sus cuentas penales y lo facilitó negándose a tomar ninguna medida cautelar alegando ausencia de riesgo de fuga, a sabiendas de que eso era precisamente lo que haría Ghali al día siguiente? En definitiva, no se entiende por qué el Gobierno se sintió obligado a traerle, curarle, evitarle responder ante la Justicia española y encima asumir el riesgo, luego confirmado, de tener un conflicto algo más que diplomático con Marruecos.

España tiene notables compromisos con el pueblo saharaui. Pero eso no implica tenerlos con el Frente Polisario, una organización que, con independencia de la licitud de sus fines, practica el terrorismo para alcanzarlos, muchas veces contra su propio pueblo. ¿Por qué teníamos que meternos en el lío en que nos hemos metido, someternos a un rosario de humillaciones por parte de Francia, Argelia y Marruecos, en beneficio de la salud de este individuo de cuando menos dudosa calidad moral? Los medios de izquierda sugieren entren líneas que la responsabilidad es del sector Podemos del Gobierno y sus lazos con el Polisario. Sin embargo, todos los ministros implicados han sido nombrados por el PSOE. También estamos asistiendo al linchamiento público de González Laya, como si el incidente fuera sólo culpa suya, cuando es obvio que aquí tienen mucho que decir Marlaska, Ábalos, quizá Margarita Robles y por supuesto Pedro Sánchez.

Los medios de derechas, por su parte, anclados en la idea de la proximidad del Frente Polisario a Rusia desde los tiempos en que era la URSS, sugieren que ha llegado el momento de reconocer que nuestra vieja provincia del Sahara Occidental es de soberanía marroquí. Olvidan que eso significa abandonar, no al Frente Polisario, al que no debemos nada, sino al pueblo saharaui, al que le debemos mucho. Olvidan igualmente que ceder en este asunto significa desoír las resoluciones de la ONU. Y olvidan sobre todo que la codicia marroquí no se saciará con esto. Al contrario, se estimulará y Marruecos seguirá exigiendo, primero Ceuta y Melilla, y luego Canarias.

¿Torpeza mezclada con buenismo humanitario para explicar la crisis? Quiá. Aquí hay gato encerrado, pero nadie parece interesado en ver dónde está.

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